El Private Equity ha experimentado un crecimiento muy acusado a lo largo de la última década. Este crecimiento se ha visto alimentado principalmente por tres factores: un contexto económico favorable, la reputación que se ha ganado España como un destino atractivo para los inversores internacionales, y el incremento del emprendimiento y la creación de startups.

Sin embargo, a pesar del buen desarrollo y las noticias positivas, el contexto actual no deja de ser complejo y no está exento de retos. Si ahondamos en cuestiones más específicas, según datos de 2023, el valor de las operaciones de Private Equity cayó un 37%, el valor de las salidas se redujo casi a la mitad, la captación de fondos también cayó, y se cerraron un 38% menos de fondos de buyouts.

En este sentido, a nivel global hay ciertos factores que pueden afectar al desempeño y desarrollo de los mercados privados, entre los que destacan la volatilidad, la liquidez, los retos para levantar capital o los cambios regulatorios.

Sin embargo, todo reto viene aparejado de oportunidades, y es que la entrada de nuevos actores o el creciente interés de los actuales, movidos por las buenas rentabilidades y la diversificación, abre toda una nueva oportunidad para levantar capital por parte de los fondos.

Detectamos un cambio en el perfil del inversor, que después de décadas comienza a evolucionar. Entre estos nuevos inversores destacan los family offices, para los que el Private Equity se ha convertido en un activo esencial. El 66% de los family offices a nivel global tiene exposición a alternativos, sin embargo, dentro de sus carteras solo representa un 16%. Goldman Sachs recomienda que este tipo de inversores alcancen una exposición del 42% en sus carteras, por lo que aún queda mucho margen para que poco a poco su cartera vaya evolucionando y ganando peso en los mercados privados.

Otro de los actores que irrumpe en el tablero son los inversores minoristas. Esta inclusión responde a una megatendencia internacional que es la democratización del capital privado y que se ha producido gracias a una rebaja de los límites de entrada y la digitalización del proceso de inversión. Esta es una gran oportunidad para el sector, ya que el 50% de la riqueza mundial está en manos de los inversores individuales, pero solo representan un 15% de los inversores en los mercados privados.

Esta base más amplia también propiciará liquidez en los mercados, dando lugar a un mercado secundario con más transaccionalidad.

En definitiva, el mercado del Private Equity se encuentra en un momento crucial. A pesar de los desafíos que enfrenta, las oportunidades son numerosas y variadas y la capacidad de los fondos de Private Equity para adaptarse a los cambios regulatorios, aprovechar las tendencias tecnológicas y mantener un crecimiento sostenible será determinante para su éxito futuro.

Es esencial que tanto los inversores como los gestores de fondos mantengan una visión estratégica y flexible, buscando siempre la innovación y la creación de valor a largo plazo. Estoy seguro de que, con un enfoque adecuado, el Private Equity seguirá siendo un motor vital para el crecimiento económico y la transformación empresarial.

Eduardo Navarro
Cofundador y presidente de Crescenta

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