Las fusiones y adquisiciones de empresas son operaciones muy complejas que a veces se cierran con demasiada premura debido al riesgo de que aparezca un competidor con una oferta mejor. Por este motivo, es inevitable que tras el cierre de la operación a veces aparezcan conflictos entre las partes. Por ejemplo por el incumplimiento de las declaraciones y garantía, por la cobertura de riesgos mediante seguros… En estos casos, iniciar un arbitraje siempre es menos agresivo y más ágil que recurrir a un pleito, que es un proceso que puede llegar a alargarse mucho en el tiempo y obligará a las partes en disputa a provisionar los posibles resultados adversos en sus cuentas durante el tiempo que tarde en resolverse. Entre la primera y segunda instancia, en la justicia ordinaria podemos estar hablando fácilmente de años. Y ya sabemos que en un entorno tan cambiante como el actual las empresas necesitan actuar rápido y no pueden permitirse el lujo de perder el tiempo. Porque eso significa dinero y oportunidades perdidas.
Por este motivo, el arbitraje gana cada vez más popularidad en la resolución de todo tipo de conflictos también de aquellos derivados de operaciones de compra-venta de empresas. Algunas fuentes apuntan ya a que hasta el 25% de las disputas post M&A recurren ya al arbitraje en España.
Ventajas del arbitraje en conflictos M&A
La institución arbitral goza en estos momentos de prestigio y reconocimiento porque:
Cuándo es más recomendable recurrir al proceso arbitral
El procedimiento arbitral es especialmente recomendable en dos tipos de operaciones de M&A:
Incorporar la cláusula arbitral a los contratos
Para facilitar la resolución de posibles controversias de manera ágil y amistosa, en Confianz recomendamos siempre incluir la cláusula arbitral en todos los contratos que forman parte de la transacción de compra-venta (pacto de socios, estatutos, acuerdo de inversión…).
Pero lo más importante es siempre realizar una profunda evaluación previa para mitigar los riesgos intrínsecos en todas las operaciones de M&A. Porque a veces la mejor manera de evitar el conflicto es retirarse de la operación. De nada sirve un laudo favorable si la otra parte no tiene recursos suficientes para paliar el daño provocado.
Por Manuel Urrutia