Las operaciones de compraventa de PYME no caen por falta de compradores ni por precios irrazonables. Caen, o pierden valor, porque el vendedor llegó antes de estar listo. Y nadie le avisó a tiempo.

Hay un momento en los procesos de compraventa de empresas que los asesores M&A conocen bien y rara vez mencionan en la primera reunión con el vendedor. Es el momento en que la due diligence empieza a devolver sorpresas. No errores graves, no fraudes, no irregularidades mayores. Simplemente realidades que el empresario no había visto, o no había querido ver, o nadie le había dicho que importaban tanto.

Una estructura societaria que mezcla patrimonio personal con activos empresariales sin separación clara. Un nivel de deuda financiera que, analizado con los criterios de un comprador, eleva el riesgo percibido por encima de lo que el EBITDA justificaría. Una concentración de clientes que nadie había puesto en números hasta que el comprador lo hizo. Una dependencia del fundador que, formalizada en un informe, hace que el valor del negocio sin él sea matemáticamente diferente al valor del negocio con él.

Ninguna de estas cosas es nueva en el momento en que el asesor M&A las descubre. Llevan años ahí. Lo que es nuevo es que ahora tienen precio.

El problema que nadie nombra antes de la operación

El ecosistema de asesoramiento corporativo español está bien desarrollado en los extremos del proceso: hay buenos asesores financieros para estructurar y ejecutar la operación, buenos despachos jurídicos para la documentación y el contrato, buenos asesores fiscales para optimizar la tributación de la plusvalía. Lo que escasea — y lo que más valor destruye cuando no existe — es el trabajo que debería hacerse antes de que empiece el proceso formal.

El empresario de PYME llega a una operación de venta con la visión que tiene de su propia empresa. Una visión construida durante años de gestión diaria, que en la mayoría de los casos es parcial, sesgada por la proximidad y limitada por la información disponible. No por falta de inteligencia — sino porque nadie ha tenido el incentivo de mostrarle el cuadro completo desde fuera.

"El empresario sabe lo que factura, lo que cobra y lo que paga. Rara vez sabe lo que vale, cómo le ve el banco o qué riesgo patrimonial está asumiendo sin saberlo."

Esta asimetría de información tiene consecuencias directas en el precio que finalmente se cierra — cuando se cierra. Y tiene consecuencias aún más costosas cuando la operación no llega a cerrarse porque el comprador encontró algo que el vendedor no esperaba.

Cuatro dimensiones que determinan el valor real de una empresa

Cuando un fondo de private equity o una empresa estratégica analiza una PYME candidata a adquisición, lo hace desde una perspectiva multidimensional que rara vez coincide con la visión que tiene el empresario de su propio negocio. Las cuatro dimensiones que más frecuentemente generan discrepancias entre la valoración del vendedor y la oferta del comprador son las siguientes:

  • 1 La estructura patrimonial. En una proporción elevada de las PYME españolas con más de diez años de historia, el patrimonio personal del empresario y el patrimonio empresarial están entrelazados de formas que nadie ha documentado sistemáticamente. Inmuebles utilizados por la empresa de los que es propietario el fundador. Deudas cruzadas entre la sociedad operativa y sociedades patrimoniales vinculadas. Activos personales que aparecen como garantía de financiación empresarial. Cuando un comprador profesional analiza esta estructura, lo que ve no es un patrimonio sólido — es un riesgo jurídico y fiscal que descuenta del precio.
  • 2 La posición financiera real frente al sector. El empresario conoce sus números en términos absolutos. Lo que con frecuencia no conoce es su posición relativa: cómo le ve el banco en términos de rating interno, cómo se compara su ratio de endeudamiento con el de sus competidores directos, si su capacidad de generación de caja es estructuralmente superior o inferior a la media sectorial. Esta información existe, es accesible y es determinante en la valoración que hace un comprador sofisticado. Un EBITDA de 2 millones de euros en una empresa con deuda neta de 6 millones y un ratio de conversión de caja inferior al 60% tiene un valor de mercado muy diferente al mismo EBITDA en una empresa sin deuda y con conversión del 85%. La diferencia no está en el múltiplo aplicado — está en el denominador.
  • 3 La eficiencia de la estructura fiscal. No se trata de si la empresa cumple con sus obligaciones fiscales — eso se da por supuesto. Se trata de si la estructura actual es la óptima para una operación de venta, o si hay oportunidades de deducción no aplicadas, esquemas de retribución que no han sido optimizados o una configuración societaria que genera una carga fiscal en la transmisión innecesariamente elevada. La diferencia entre tributar la plusvalía al tipo marginal del IRPF o al tipo de la holding puede representar entre un 15% y un 25% del precio neto que recibe el empresario. Esa diferencia no la genera el asesor fiscal durante la operación — la genera la estructura que se haya construido en los años anteriores.
  • 4 La calidad de la información de gestión. Un comprador profesional toma sus decisiones de inversión basándose en datos verificables. Cuando la empresa target lleva años gestionando con contabilidad retrasada, sin un cuadro de mando operativo, sin separación entre la cuenta de resultados real y los ajustes extraordinarios, o con una contabilidad analítica inexistente o poco fiable, el comprador tiene un problema: no puede verificar lo que el vendedor le dice. Y cuando no puede verificar, descuenta. Siempre.
Lo que el asesor M&A ve al llegar — y ya es tarde para cambiar


El asesor financiero que acompaña una operación de venta de PYME llega en el mejor de los casos seis meses antes del cierre. Su trabajo es estructurar el proceso, preparar el cuaderno de venta, identificar compradores y gestionar la negociación. No es su trabajo — y en muchos casos no está en su incentivo — señalar al vendedor que su empresa no está lista para el proceso al que acaban de comprometerse.

Los abogados de M&A entran más tarde aún. Su labor es documentar lo que se ha acordado, proteger al cliente en el contrato y gestionar las garantías y declaraciones. Tampoco es su función diagnosticar la situación estratégica del empresario antes de que empiece.

El resultado es predecible: el empresario entra al proceso con la imagen que tiene de su empresa, no con la imagen que el mercado tiene de ella. Y la diferencia entre ambas imágenes es, en última instancia, el margen que el comprador negocia a la baja durante la due diligence.

El patrón más frecuente en operaciones que se deterioran

El proceso arranca con una valoración orientativa del asesor M&A que el empresario recibe como confirmación de lo que siempre había intuido. Las primeras reuniones con compradores son positivas. El LOI llega con un precio que satisface. Y entonces empieza la due diligence.

Tres semanas después, el comprador presenta un ajuste de precio basado en hallazgos que el empresario conocía pero no había cuantificado: la concentración en tres clientes que representan el 65% de la facturación, el inmueble de la nave industrial que está a nombre personal del fundador, la deuda con el socio que no aparece en el balance de forma transparente, el EBITDA ajustado que resulta ser un 20% inferior al reportado una vez eliminadas las partidas no recurrentes.

El ajuste no es una maniobra del comprador. Es la realidad del negocio, expresada en el idioma del que compra.

En los mejores casos, el empresario acepta el ajuste y cierra a un precio inferior al esperado. En los peores, el comprador se retira y el proceso se reinicia con el estigma de una operación fallida — lo que en sí mismo reduce el valor percibido en los procesos posteriores.

El diagnóstico previo como ventaja competitiva del vendedor

Existe una fase que el mercado español de mid-market no ha sistematizado todavía y que en mercados anglosajones más maduros lleva años siendo práctica habitual: el diagnóstico estratégico previo a la puesta en venta, también conocido como vendor due diligence proactiva o preparación pre-transaccional.

La lógica es simple. Si el comprador va a analizar la empresa de todas formas, el vendedor tiene dos opciones: descubrir lo que el comprador va a encontrar antes de que empiece el proceso — y actuar en consecuencia — o descubrirlo junto al comprador, cuando ya no hay tiempo ni capacidad de maniobra.

Esta preparación no es cosmética. No consiste en ordenar los archivos o mejorar la presentación del cuaderno de venta. Consiste en analizar en profundidad las cuatro dimensiones que determinan el valor real de la empresa — patrimonio, posición financiera, estructura fiscal e información de gestión — e identificar, antes de que llegue el comprador, todo aquello que puede ser objeto de ajuste, descuento o, en los peores casos, causa de ruptura.

"La empresa que entra a un proceso de venta bien preparada no solo obtiene mejores precios. Genera más confianza, reduce los tiempos de due diligence y minimiza los ajustes de precio en la fase de negociación final."

La preparación tiene además un efecto multiplicador sobre el propio proceso M&A. Un asesor financiero que trabaja con una empresa ya diagnosticada puede construir un cuaderno de venta más sólido, anticipar las preguntas del comprador y gestionar la due diligence con mucha mayor eficacia. El resultado es un proceso más corto, menos costoso y con mayor probabilidad de cierre exitoso al precio acordado en el LOI.

Cuándo es el momento de empezar

La pregunta que más frecuentemente se hace un empresario que está considerando la venta de su empresa es cuándo contratar al asesor M&A. La respuesta que da el mercado es casi siempre la misma: cuando se ha decidido vender y se quiere iniciar el proceso.

La respuesta correcta es diferente. El momento de empezar no es el inicio del proceso formal de venta. Es entre uno y tres años antes. Tiempo suficiente para identificar y corregir las ineficiencias estructurales, optimizar la posición fiscal, documentar la calidad de la información de gestión y, en su caso, reducir la dependencia del fundador mediante la profesionalización del equipo directivo.

Una empresa que lleva dos años de preparación estratégica consciente antes de entrar al mercado tiene un perfil de riesgo percibido sustancialmente diferente al de una empresa que entra sin ese trabajo previo. Y esa diferencia, en términos de múltiplo aplicado sobre el EBITDA, puede significar entre uno y dos puntos adicionales. Sobre un EBITDA de 500.000 euros y un múltiplo de partida de 4x, un punto de múltiplo adicional vale 500.000 euros en el precio de la operación.

El coste de la preparación raramente supera el 5–10% de ese valor adicional generado. La relación entre inversión y retorno es, en términos racionales, una de las más claras del mercado de servicios profesionales.

Una reflexión para el ecosistema M&A

El mercado español de fusiones y adquisiciones ha madurado considerablemente en los últimos diez años. Las boutiques especializadas en mid-market tienen metodologías sofisticadas, acceso a compradores internacionales y equipos con experiencia en múltiples sectores. Los despachos de M&A han desarrollado estructuras contractuales cada vez más robustas. Los fondos de private equity han sofisticado sus procesos de análisis y valoración.

Lo que no ha madurado al mismo ritmo es la preparación del vendedor. El empresario de PYME que decide vender su empresa sigue entrando mayoritariamente al proceso con la misma información — y las mismas lagunas — que hace veinte años. El resultado es que una parte significativa del valor potencial de las operaciones se pierde, no en la negociación, sino antes de que empiece.

Cerrar esa brecha no es responsabilidad del asesor M&A, cuyo modelo de negocio está alineado con el cierre de la operación, no con la preparación previa. Es responsabilidad de un perfil de asesor diferente: el que llega antes, diagnostica en profundidad y prepara al empresario para que, cuando el proceso empiece, ya no haya sorpresas.

El coste oculto de vender sin prepararse no está en los honorarios de ningún asesor. Está en el precio que finalmente se cierra.

Integra Consultoría Gerencial SL

Consultoría estratégica especializada en el diagnóstico integral del empresario de PYME. Analizamos la situación patrimonial, financiera, fiscal y de información de la empresa para acompañar al empresario en las decisiones que más importan — incluida la preparación para procesos de compraventa, refinanciación o sucesión.

+34 614 493 182 · integra.molero@agfinanciero.com · https://www.integracg.es/

Fuente: Integra Consultoría Gerencial

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