La deuda privada gana cada vez más terreno entre la financiación alternativa. En los últimos 10 años su tamaño se ha multiplicado por cuatro. Y las expectativas de crecimiento son altas, particularmente en el sur de Europa, pese a algunos casos puntuales de fraude en EE.UU. Expertos descartan riesgos sistémicos y explican las claves detrás de su silencioso, pero imparable auge.

A pesar de los recientes titulares sobre casos de fraude en el entorno de las financiaciones privadas en EE. UU., estos episodios puntuales representan un porcentaje insignificante dentro de un mercado que no ha dejado de crecer. Solo en la última década, los activos bajo gestión en crédito privado prácticamente se han cuadruplicado, pasando de los 500.000 millones de dólares a cerca de 1,7 billones que se prevé alcanzar este año, según Preqin. La empresa de análisis financiero augura un ritmo de crecimiento cercano al 10% (CAGR), hasta alcanzar los 2,64 billones en 2029.

Y este impulso del crédito privado no parece vislumbrar aún un techo. En BlackRock sostienen que hay mucho margen para la demanda de deuda privada como clase de activos considerable y escalable para una amplia gama de inversores a largo plazo. Los AUM a nivel mundial representan apenas un 10% del universo de inversiones alternativas, que asciende a 16,4 billones de dólares.

Vientos de cola

Varias palancas están detrás del auge silencioso de esta financiación alternativa. De un lado, nuevos actores han ido ocupando el vacío creado por el repliegue del crédito bancario por dos aspectos. El primero tiene que ver con la regulación, en una doble dirección: el incremento de los requisitos de capital exigidos tras la crisis financiera sistémica, que ha endurecido las condiciones crediticias, y “las limitaciones normativas que reducen su capacidad para ofrecer soluciones competitivas”, apunta Ignacio Marqués del Pecho, socio responsable de Arcano Debt & Capital Solutions. El segundo factor es la propia concentración del sector, que ha reducido el número de entidades y “que hace que sea más difícil estructurar un préstamo sindicado”, añade.

Por otra parte, el tejido empresarial confía cada vez más en estas soluciones a la carta más rápidas de conseguir. “El crédito privado es un traje a medida: te queda mejor, aunque, obviamente, es más caro que el normal que te ofrece el banco. Pero si tienes urgencia, porque afrontas una adquisición o porque tienes una oportunidad de capex, te interesa pagar más (Euribor + 6,5%-7%) a cambio de esa flexibilidad”, explica Alexandre Bruyelle, socio de Gestión de Activos en Arcano Partners.

Otro de los factores es el elevado apetito inversor de las aseguradoras. El 93% de 463 altos ejecutivos del sector de seguros encuestados por BlackRock espera aumentar sus exposición a activos privados en los próximos meses, con el crédito privado como preferido, según publica Bloomberg. No en vano esta modalidad resulta especialmente atractiva: tiene un consumo de capital casi equivalente a activos investment grade al ser flotante, pero con retornos de high yield.

Para Manuel Mendivil, CIO de la división de Gestión de Activos de Arcano Partners, el principal driver del auge del crédito privado es el creciente interés de los inversores por su prima de iliquidez. “La rentabilidad de los activos líquidos públicos ha caído, mientras que el crédito privado sigue ofreciendo retornos atractivos, compensando la menor liquidez y convirtiéndose en una alternativa cada vez más interesante para aparcar capital”.

El índice americano Cliffwater Direct Lending Index (CDLI) obtuvo una rentabilidad del 11,3% en 2024 y un rendimiento anualizado del 9,3% en la última década, superando significativamente a los bonos de alto rendimiento (5,9%), según datos recopilados por la consultora South Sigma. El año pasado, la rentabilidad media del high yield superó ligeramente el 8%. Y el consenso del mercado entorno a la bolsa es que, tras un trienio dando alegrías y mostrándose inmune a la geopolítica, podría sufrirá una corrección más pronto que tarde.

Además de un mayor potencial de retornos, Morgan Stanley llama la atención en su poder descorrelacionador, lo que ayuda a reducir la volatilidad de la cartera y mejorar los rendimientos ajustados al riesgo. Otros expertos también citan el acortamiento de los plazos de inversión porque, aunque los préstamos a las empresas que componen las carteras son a unos 5,5 años, la vida media acaba reduciéndose a 3,5. “Dado que la banca tradicional está dando rentabilidades tan bajas, los mercados privados siempre son una alternativa. En una buena cartera, cuanta más diversificación haya, mejor”, añade Javier Díaz Jiménez, profesor de Economía de la escuela de negocios IESE.

Alto potencial en Europa

En este marco, Europa, y más concretamente el sur del continente, ofrece un notable potencial. “El crédito privado europeo se está convirtiendo cada vez más en una alternativa creíble a los mercados de préstamos sindicados. Lo que antes era un mercado dominado por financiaciones inferiores a 100 millones de euros, ahora se ven con frecuencia operaciones que superan los 500 millones de euros”, destaca Morgan Stanley en un reciente informe que pone de relieve el “elevado potencial de crecimiento en relación con Estados Unidos”, donde más del 75% de las operaciones se financian con deuda privada frente al 50% del viejo continente.

Además, “la creciente urgencia de la Unión Europea de aumentar el gasto en infraestructura crítica, hará que el crédito privado se utilice cada vez más para cerrar las brechas de financiación”, indica Moody’s en otro análisis.

¿Riesgo de burbuja?

Las recientes quiebras de Tricolor Holdings y First Brands en EE. UU. han disparado los nervios entre algunos inversores, especialmente a ese lado del Atlántico, alimentando las voces que sugieren que podría estar formándose una burbuja en torno al crédito privado, con riesgo sistémico.

Tricolor, un prestamista subprime para automóviles, pignoraba el mismo colateral varias veces para conseguir líneas de financiación bancarias e incluía una titulización de préstamos donde se han visto pérdidas hasta en los tramos con grado de inversión. Por su parte, el proveedor de componentes de automoción, First Brands, hacía algo similar con facturas y factoring duplicado. La compañía se ha financiado tanto en el mercado de crédito directo como en el de préstamos sindicados estadounidense y europeo.

“En ambos casos se trata de mala praxis empresarial y fraude, no de un fallo del sistema financiero ni de las estructuras de titulización, aunque sí de falta de due diligence adecuada”, tranquiliza Mendivil, quien normaliza estas bancarrotas como parte de una “limpieza natural y sana” dentro de un mercado en crecimiento.

Coincide en que “son parte del equilibrio” del sistema financiero Díaz Jiménez. “Por supuesto hay un riesgo esencial en cada decisión de crédito”, añade, “y cuando las valoraciones de los activos en general están subiendo tanto, hay un incentivo para apalancarse. Sí, hay un riesgo de crédito, pero poner el dedo en el crédito privado, en la banca privada o en la banca en la sombra es equivocarse”.

Perfil de los demandantes del crédito privado

Las empresas que acuden a la deuda privada suelen ser pymes con un Ebitda de entre 3 y 100 millones de dólares y la mayoría carece de calificación crediticia, según un estudio sobre los mercados privados de capitales de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Más del 90% de los emisores de deuda están participados por gestoras de capital privado y, de acuerdo con datos de McKinsey & Co, el 80% de las operaciones de middle market se han financiado mediante préstamos privados.

En el mercado se destaca el recorrido del crédito privado frente al private equity, al que sigue los pasos en términos de crecimiento y sofisticación en estructuras. Hay fondos de deuda para distintas etapas de crecimiento de las compañías; unos que se especializan por geografía, otros por sectores. Incluso se dan operaciones en secundarios.

Precisamente se observan dos tendencias. La primera es que los fondos de crédito cada vez son más grandes y la segunda se refiere a soluciones más creativas, con mezcla de deuda y equity, ajustándose a la medida de las necesidades.

La percepción general entre analistas y profesionales es que el auge de la deuda privada, silencioso o con algo de ruido, no es una moda pasajera. El tiempo irá ajustando las diferentes modalidades de este traje a medida en el que empresas e inversores se sienten cada vez más cómodos.

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