La empresa catalana La Farga (Les Masies de Voltregà, Osona), líder en el reciclaje del cobre y la fabricación de productos y semielaborados de este material, ha puesto en marcha un proyecto innovador para aprovechar las escorias derivadas del proceso de afinado del cobre. Concretamente, la compañía pretende validar, junto con la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), el uso de estas escorias como nuevos materiales para la fabricación de cemento, con el objetivo de optimizar la utilización de recursos naturales y evaluar su potencial como materiales sustitutivos. De este modo, la empresa busca fomentar la economía circular en las industrias tanto del cobre como del cemento.
Para llevar a cabo este proyecto innovador, La Farga ha contado con el apoyo de ACCIÓ —la agencia para el crecimiento de las empresas del Departamento de Empresa y Trabajo—, mediante 346.000 euros de la línea de ayudas a proyectos de I+D Green en economía circular en el ámbito de los residuos, que también dispone de fondos de la Agencia de Residuos de Cataluña.
Según la directora de I+D+i de La Farga, Núria Ferrer, “el cobre es un metal estratégico para el desarrollo sostenible porque puede reciclarse infinitamente sin perder propiedades y, además, el procesamiento del cobre reciclado ahorra 40 Mt de CO₂ anuales, el equivalente a reducir los gases que emiten 16 millones de coches en las carreteras”.
En el marco de la actividad de la compañía, Núria Ferrer explica que “el proceso de afinado del cobre es la etapa en la que se transforma la materia prima y se eleva el porcentaje de pureza del metal hasta el nivel requerido por la normativa, y durante este proceso se generan escorias”. “Este proyecto se enmarca en la voluntad de La Farga de seguir avanzando en su modelo de circularidad, buscando nuevas soluciones que permitan dar valor a los subproductos del proceso productivo y minimizar la generación de residuos”, subraya.
En esta línea, La Farga, junto con la UPC, ha desarrollado un proceso que permite recuperar el contenido de cobre presente en las escorias, de modo que la compañía podrá reaprovecharlo. Posteriormente, en el marco del proyecto, la empresa pretende demostrar el uso de estas escorias, hasta ahora consideradas residuos, como nuevos materiales que podrían tener propiedades similares a las de otros materiales como el clínker, los áridos o ciertos aditivos necesarios para la fabricación de cementos o hormigones multifuncionales, que actualmente se elaboran a partir de recursos naturales.
De este modo, La Farga busca revalorizar estas escorias para aplicaciones de alto valor añadido industrial, como los cementos conductores que se utilizan para la fabricación de pavimentos para carreteras o productos de sensórica industrial. Estos materiales requieren propiedades con cierta conductividad eléctrica que permita el paso de señales, y que las escorias de La Farga potencialmente podrían presentar si se demuestra su uso como nuevos materiales sostenibles.
De acuerdo con la responsable de ESG de La Farga, Maria Riera, con este proyecto la empresa pretende “crear valor compartido y promover ecosistemas colaborativos que integren múltiples actores a lo largo de la cadena de valor”. “Como industria tenemos la responsabilidad de hacer un mundo más sostenible, y proyectos como este, a través de la colaboración público-privada, hacen que sea más realista”, añade.
La fase de investigación y desarrollo del proyecto con la UPC ya ha concluido, aunque la directora de I+D+i de La Farga asegura que “aun así, estamos constantemente buscando nuevas aplicaciones que puedan surgir en un mundo tan cambiante como el actual”. El proyecto se encuentra en fase de pruebas industriales, con el objetivo de validar que los resultados de los estudios sean escalables a nivel industrial.
La Farga es una empresa familiar industrial fundada en 1808, y tiene su sede en Les Masies de Voltregà (Osona). Se caracteriza por una fuerte apuesta por la innovación al servicio de la sostenibilidad, y ha desarrollado su propia tecnología en el marco del proceso de reciclaje del cobre, con su primera patente registrada en 1986. Actualmente, la compañía cuenta con 420 trabajadores y exporta sus productos a más de 40 países. Alcanzó una facturación de 1.534 millones de euros en 2024.
La Farga busca revalorizar estas escorias para aplicaciones de alto valor añadido industrial, como los cementos conductores que se utilizan para la fabricación de pavimentos para carreteras o productos de sensórica industrial