La due diligence constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier operación de compraventa de empresas. Su finalidad ha sido tradicionalmente identificar contingencias financieras, fiscales, laborales, mercantiles o regulatorias que puedan afectar al valor de una compañía o condicionar una decisión de inversión.
Sin embargo, la creciente digitalización de los negocios está ampliando progresivamente el alcance de estos procesos de revisión. Junto a las áreas clásicas de análisis, comienzan a adquirir una mayor relevancia cuestiones relacionadas con la gestión de los datos, la ciberseguridad, la dependencia tecnológica y el uso de herramientas de inteligencia artificial dentro de las organizaciones.
La tendencia no responde únicamente a la evolución natural del mercado. Durante los últimos meses, diversas instituciones y organismos supervisores europeos han venido analizando el impacto que la inteligencia artificial puede tener sobre la resiliencia operativa, la ciberseguridad y la gestión del riesgo en organizaciones con una elevada dependencia tecnológica. Aunque buena parte de estos debates se han desarrollado en sectores especialmente regulados, reflejan una realidad que afecta cada vez a más empresas: la tecnología se ha convertido en un elemento estratégico cuya gestión puede influir en la percepción del riesgo empresarial.
La inteligencia artificial está modificando la forma en que se desarrollan los procesos de análisis previos a una adquisición.
La revisión documental, la clasificación de información o el análisis preliminar de contratos pueden realizarse hoy con una rapidez significativamente superior a la existente hace apenas unos años. Del mismo modo, determinadas herramientas permiten procesar grandes volúmenes de documentación financiera, societaria o comercial, facilitando la localización de incidencias y áreas de especial atención.
Estas capacidades permiten a los equipos involucrados en una operación concentrar una mayor parte de sus recursos en la interpretación de los riesgos identificados y en la valoración estratégica de la transacción.
No obstante, la utilidad de estas herramientas depende de una adecuada supervisión profesional. La validación de la información obtenida, la contextualización de los hallazgos y la toma de decisiones continúan requiriendo experiencia, criterio y conocimiento especializado. La inteligencia artificial puede acelerar determinadas tareas, pero la responsabilidad última sobre el análisis y las conclusiones sigue correspondiendo a las personas que participan en la operación.
La principal novedad no reside únicamente en la utilización de inteligencia artificial durante una operación de M&A. En determinadas transacciones, la propia utilización de esta tecnología por parte de la empresa objetivo puede convertirse en un elemento relevante de revisión.
En algunos entornos profesionales y operaciones con una elevada componente tecnológica comienza a utilizarse la expresión AI Due Diligence para referirse al análisis de riesgos asociados al uso de sistemas de inteligencia artificial dentro de una organización.
El objetivo no consiste únicamente en conocer qué herramientas utiliza una compañía, sino comprender cómo las utiliza, qué tipo de información procesa a través de ellas, qué mecanismos internos de supervisión existen y cuáles son las medidas de control implementadas para gestionar los riesgos asociados.
Esta cuestión puede resultar especialmente relevante en compañías con una elevada dependencia tecnológica o una utilización intensiva de datos, donde aspectos como la gobernanza interna, la dependencia de determinados proveedores tecnológicos, la gestión de accesos o los protocolos de seguridad pueden constituir factores adicionales de análisis para potenciales compradores e inversores.
La confidencialidad continúa siendo uno de los principios esenciales en cualquier operación corporativa. La incorporación de nuevas herramientas tecnológicas no modifica esta exigencia; por el contrario, refuerza la necesidad de establecer mecanismos adecuados de control y supervisión.
La utilización de inteligencia artificial obliga a diferenciar claramente entre información pública, información estratégica e información confidencial. La naturaleza de los datos tratados determinará las medidas de protección aplicables y los procedimientos internos necesarios para garantizar un uso adecuado de la información.
La correcta clasificación de los datos, la evaluación de riesgos asociados a terceros proveedores, la protección de activos digitales críticos y el cumplimiento de las obligaciones aplicables en materia de protección de datos forman parte de un ámbito que previsiblemente continuará ganando relevancia dentro de determinadas operaciones corporativas.
El alcance y profundidad de cualquier proceso de due diligence dependerán de múltiples factores, entre ellos el sector de actividad, la dimensión de la operación, el perfil de riesgo del comprador y las características específicas de la compañía objeto de análisis.
Sin embargo, resulta evidente que la creciente importancia de los activos intangibles, la información y la tecnología está ampliando el foco tradicional de estas revisiones. La identificación de determinados riesgos tecnológicos está adquiriendo una relevancia creciente dentro del análisis global de muchas operaciones corporativas, especialmente en aquellas donde la tecnología constituye un elemento relevante del modelo de negocio.
En este contexto, comprender cómo una organización gestiona sus datos, protege sus sistemas y supervisa determinadas tecnologías puede constituir un elemento adicional de análisis junto a los aspectos financieros, jurídicos, fiscales y operativos tradicionalmente revisados durante una operación de M&A.
En ILIA ETL GLOBAL entendemos la due diligence como una herramienta clave para ofrecer a compradores e inversores una visión completa de los riesgos y oportunidades asociados a una operación. En un entorno donde la tecnología adquiere un peso creciente, resulta cada vez más importante analizar de forma coordinada los aspectos financieros, jurídicos, fiscales, operativos y tecnológicos que pueden influir en la toma de decisiones.
Por Mario García