Airbnb ha revolucionado la industria hotelera sin tener un solo hotel. Uber revoluciona el transporte de personas sin comprar un solo coche. Ahora la economía colaborativa es también motor de cambio de la industria del transporte. El campo de batalla son las grandes ciudades, la “última milla” antes de llegar al consumidor. La madurez del comercio electrónico pone presión a la distribución, a los comercios, y en esta batalla gana la inmediatez. La entrega same day, same hour (mismo día, misma hora) es el mantra que mueve las ventas. Para llevar los paquetes a casa del cliente en una hora, de poco sirve la estructura de la mensajería tradicional.

También esta vez el cambio viene de “los activos que ya están en la ciudad”, eufemismo para decir “los vecinos” (como los que abren sus casas a los clientes de Airbnb, o conducen su coche para los usuarios de Uber). Gente con disponibilidad de tiempo, ganas de ganar un dinero y que sólo necesitan un móvil: para recibir el encargo de forma geolocalizada (avisa al que está más cerca, ahí está la clave de la tecnología), conseguir el paquete y llevarlo, normalmente andando, en bici o en moto, a casa del cliente final.

El crowdshipping es un fenómeno global. El modelo más imitado es Postmates, que opera desde 2011 en EE.UU. Desde este febrero, Uber ha puesto su plataforma a disposición de empresas y usuarios para que se envíen paquetes: UberRush funciona de momento sólo en Nueva York, San Francisco y Chicago. En Barcelona hay más de media docena de empresas trabajando en este tipo de servicio, algunas ya en el mercado, otras en pruebas. Las hay especializadas en comida a domicilio (Deliveroo, Foodora, TakeEatEasy) y otras orientadas a recados a particulares (Glovo, Unplis). Otras, incluso, miran más a los envíos entre empresas (Shargo, Stuart).

Las empresas de mensajería de toda la vida (en España facturan 50.000 millones, emplean a medio millón de personas, según la patronal UnoLogística) saben que van a necesitar la ayuda de estos recién llegados, porque son los que controlarán la “última milla”. “Es necesario conciliar las nuevas necesidades del cliente que exige entregas muy urgentes, la congestión de las ciudades, la sostenibilidad del medio ambiente y la rentabilidad de la actividad. La entrega el mismo día de la compra será el estándar en las ciudades”, dice Francisco Aranda, secretario general de UnoLogística. Pero hay un pero: “Tiene que ser la economía colaborativa legal, no la de empresas que pretenden no cumplir con las reglas, dar de alta a sus empleados y pagar impuestos”.

Las nuevas empresas no tienen aviones, ni tráilers, ni furgonetas, pero pueden tener vecinos conectados en cada barrio. El reto es la regulación: ¿quién asegura que estos nuevos repartidores pagan sus autónomos, o tienen el vehículo asegurado? En algunos países el trabajo colaborativo ya se ha empezado a regular, se establecen unos requisitos y las plataformas tienen que asegurar que sus “recaderos”, en este caso, las cumplan.

“El transporte se ha modernizado, pero tiene que haber un cambio de modelo”, reconoce Aranda, que pasa por ser complementarios con estas empresas, ahora start-up, muy locales. “Esta colaboración es una ventana de oportunidad, la estudiamos”, señala Aranda. También Correos, con su elevada capilaridad en el territorio, mira cómo encajar en el nuevo mercado.

“La última milla siempre ha sido muy cara para los transportistas tradicionales: se dice que era más barato traer un producto desde China al puerto, que de puerto a casa”, explica Oscar Pierre, cofundador de Glovo. Pero para recibir el paquete en una hora, los stocks de productos no podrán estar muy lejos de la ciudad... “En Estados Unidos se han puesto de moda los black stores: supermercados urbanos cerrados al público, sólo para abastecer al e-commerce”, dice Pierre. “Cuando Amazon y los grandes empiecen a entregar el mismo día, será un boom y todo el mundo querrá estar”. Esta semana, Fnac ha anunciado que utilizará sus tiendas físicas para envíos en el mismo día. Amazon, que en el 2017 tendrá su gran almacén en El Prat, ha alquilado un edificio en el Eixample de Barcelona: el express delivery ya está aquí.

“¿Moda o necesidad? Hace tres años esperábamos una semana por un paquete y nos parecía fantástico. Pero ya no”, valora Pierre. La omnicanalidad del comercio no tiene marcha atrás. Y eso cambiará no sólo hábitos de compra, también la fisonomía de las ciudades.

Por Mar Galtés / La Vanguardia

Fuente: La Vanguardia

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