Estamos en 2025. El brote del Corona produjo sorprendentes cambios en política, en la economía y en nuestro comportamiento. Comento diez efectos significativos que trajo la infame crisis del 2020:


1. Se adelantaron las elecciones y entró un nuevo gobierno

El cuadruple récord mundial de destrucción de vidas, privación de libertades, hundimiento de empresas y cierre de fronteras al turismo hizo especial mella en los electores. El dolor por la pérdida de empleo, la sensación de inutilidad personal, la frustración y las dificultades económicas inclinaron el voto en busca del cambio.

El desempleo provocó rechazo hacia inmigrantes y se extremaron las divisiones hacia los polos populistas.


2. La crisis perdura en 2025

La manera en que se gestionó el virus calcinó al 20% del tejido productivo. Aquello fue como un gran incendio que arrasó una buena parte del bosque empresarial.

Los que gobernaban no repararon en lo facil que muere una pyme si no le llega el agua de la liquidez, ni en los años que necesita una semilla de empresa para volver a alcanzar un tamaño suficiente para ofrecer frutos de empleo y riqueza.

Las grandes empresas aprovecharon para capturar la financiación bancaria y realizar emisiones de renta fija con aval del Estado; con estos recursos fueron ocupando el vacío en clientes que dejaban las pymes.

Se produjeron grandes fusiones bancarias y en España tres bancos coparon más del 90% del negocio.

El turismo sufrió un largo invierno y no levantó cabeza hasta el verano 2021; todavía no se ha recuperado la cuota que nos quitaron destinos como Italia, Portugal, Croacia, Grecia o el Norte de Africa.

Empresas de automóviles se llevaron fábricas a países que les ofrecieron más incentivos. El ecosistema de pymes que fabricaba componentes perdió en un instante a su cliente.

Se produjo una re industrialización con la relocalización de industrias desde Asia a Europa. España se vió beneficiada porque contaba con el conocimiento, mano de obra barata y competitividad. La exportación fue un motor de la economía, pero no fue suficiente para compensar la caida en consumo y la menor inversión.

Empresas de servicios murireron porque las ayudas se articularon como retraso de impuestos, mientras la savia de la liquidez solo llegaba a empresas robustas y cuando alcanzaba a las ramas pequeñas del árbol productivo (pymes) las encontraba chamuscadas.

Fue también un periodo de inmensa creatividad. Los jóvenes, que no encontraban empleo, desarrollaron nuevos modelos de negocio, apps y empresas online para dar soluciones a un nuevo consumidor digital. Estas empresas están siendo el embrión de un vigoroso ecosistema emprendedor.

Según vayan creciendo estos retoños empresariales, irán cubriendo el vacío laboral que se creo al combatir el virus con hibernación junto a la falta de riego de liquidez.


3. Hubo deflación.

España sufrió fuertes tensiones en los mercados de bonos y acabó pidiendo un rescate para subsidiar el desempleo y las pensiones. El Eurogrupo respondió con exigencias: retraso en edad de jubilación, reducción del funcionariado público, privatización de puertos, incremento del IVA y congelación de las pensiones, entre otros.

En 2021 el PIB rebotó y creció varios meses. El gobierno vendió ese espejismo como recuperación, pero el rebrote no se sostuvo porque el peso de la deuda impedía medidas keynesianas. Había demasiadas empresas zombis y el miedo a invertir se había instalado en ciudadanos y empresas.

El gobierno intentó captar liquidez subiendo impuestos a empresas y ricos. Muchos se trasladaron a hacia Portugal, Luxemburgo e Irlanda, para regocijo de esos países.


4. Se aceleraron cambios ya en proceso.

Ahora en 2025 circulan algunos coches autónomos y se puede trabajar en el trayecto lo que, junto al teletrabajo y al placer de vivir en espacios abiertos, aleja a los profesionales de las ciudades.

Los precios de viviendas y oficinas en núcleos urbanos han caído un 20% desde el 2020. Se ha disparado el valor de los edificios prime y de los data centers, que son ahora el activo más caliente del Real Estate.

La robótica se popularizó tras los Juegos Olímpicos de Japón, junto la impresión 3D han acercado la fabricación al consumidor. Cada vez hay menos trabajadores en fábricas y más en servicios. Los drones y robots de reparto son una realidad que toma fuerza y el 5G ha acelerado la conexión de todo con todo, facilitando a las empresas la gestión y trazabilidad de los inventarios.

Una gran parte de los restaurantes se han convertido en franquicias. Las cadenas retail con menos de cien tiendas fueron quebrando una tras otra. Los billetes prácticamente han desaparecido, yo pago todo desde mi iPhone 15, que hasta genera hologramas. La realidad aumentada me está permitiendo asistir a un curso de Exponential Education sin salir de casa y con esta gafas tengo la maravillosa sensación de que estoy en clase. Lo que ha llovido desde que usábamos Zoom.


5. El dinero fluyo a los fondos de capital riesgo

El capital riesgo está de moda por su capacidad de generar rentabilidad y compensar las pérdidas de las carteras institucionales. Estos fondos aprovecharon la oportunidad para concentrar sectores, usando empresas ganadoras como plataforma. Como consecuencia, el tamaño de la empresa media española se ha acercado a la francesa.

El capital riesgo, gracias a su éxito, capta cada vez más dinero. Han surgido todo tipo de fondos especialistas: en desinversiones de grupos industriales, en infraestructura digital, o en derechos de propiedad intelectual, entre otros. También los venture capital están viviendo un boom por la aceleración de las revoluciones tecnológicas.


6. Las grandes empresas desinvirtieron de participadas.

Especialmente fuera de sus regiones y se centraron en su negocio core. Se deshicieron conglomerados y se segregaron unidades de negocio.

Se potenciaron cadenas de suministro de proximidad. Se produjeron múltiples integraciones verticales con proveedores y clientes, se redujeron intermediarios en la cadena y la logística se optimizó desde la fabrica al consumidor. Los grandes perdedores fueron las tiendas físicas.


7. El trabajo pasó a ser por objetivos.

Las empresas de servicio aprendieron a medir el trabajo y dejaron de exigir presencia física completa. Ello liberó muchísimas horas a los empleados en transporte, comida, reuniones y atascos.

El 9am a 7pm pasó a ser 9am a 5pm. Se potenció la conciliación y los españoles aumentamos en calidad de vida.

Los espacios de co-working florecieron, sin puestos fijos, con salas de reuniones. Aumentó considerablemente la responsabilidad personal en el trabajo y creció la eficiencia.


8. Las personas han aprendido a hacer online muchas cosas descubriendo un nuevo mundo de posibilidades.

Trabajamos desde casa y nos está gustando. Ya no tomamos tanto tiempo para comer y tenemos más hobbies. En los diversos confinamientos descubrimos nuevas maneras de entretenernos.

Muchos aprendieron a cocinar y ha perdido importancia la comida fuera de casa. Surgieron conceptos de cocinas compartidas con sistemas híbridos entre casa y restaurante. Hay más reuniones sociales y disfrutamos más de familiares y amigos. Entonces vivíamos precipitados, ansiosos y enfadados. Ahora tenemos menos, pero hemos aprendido a saborear lo que tenemos.


9. Se viaja menos por trabajo

Y eso que ya no tienes que desvestirte, pues ahora pasas por un escáner que ve todo, hasta la fiebre. El mundo se ha globalizado en lo virtual, aunque los negocios se han regionalizado en tres núcleos: USA, Europa y Asia. Asia emergió como el gran ganador de esta crisis, con economías mas boyantes que la americana y la europea.


10. África y Latinoamérica, Rusia y los países árabes fueron los más castigados por la crisis del Corona.

Los capitales huyeron de sus economías. El petróleo no recuperó los precios previos al 2020, se desaceleró la contaminación climática y el virus se extendió por los emergentes dejando más víctimas que en el norte.

Ahora somos más pobres, pero disfrutamos más de lo que tenemos. Renunciamos a muchas cosas que antes considerábamos imprescindibles, entre otras al consumo excesivo y nos hemos hecho más prudentes y ahorradores.

En 2020 se hablaba de guerra contra el virus, era un error, no se trataba de vencer pues los virus mutan y surgen otros, vienen y van como los tifones. Nos hemos adaptado a vivir con ellos en una nueva realidad. El desarrollo humano los provocó y los seguirá provocando.

Se han reajustado nuestras prioridades y el valor que asignamos a los bienes y servicios que consumimos. Creo que hemos mejorado, somos más sociales, nos sentimos más frágiles y, por eso, más humanos.

Como la desgracia es capaz de abrir los ojos hasta a los ciegos, hemos tenido un rebrote de la religiosidad en el mundo, pues el infortunio ablandó el corazón de muchos y el hombre se ve ahora criatura y no creador.

Si yo tuviera que elegir, me quedo con el mundo actual porque ha ganado terreno la familia, se aprecia a los mayores y hemos redescubierto la precairedad y la belleza de la vida. Me parece que somos más humanos.

Autor: Enrique Quemada Clariana - Consejero Delegado de ONEtoONE Corporate Finance @enriquequemada - www.onetoonecf.com - Linkedin: https://es.linkedin.com/in/enriquequemada

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