La consultora Mazars recoge las proyecciones de la industria. Los gestores posponen las ventas ante la caída de ingresos prevista en sus participadas.

Los fondos de private equity aún están digiriendo el impacto de la epidemia de coronavirus, pero ya son capaces de anticipar algunos de los efectos que provocará. Una de las derivadas de la nueva crisis respecto a las que hay mayor consenso dentro del sector es el freno en la venta de compañías participadas. Ocho de cada diez gestores prevé un retraso en las salidas de su cartera, según un informe realizado por el equipo de Mazars Global Financial Advisory Services, que, no obstante, apunta a que en general el optimismo se impone en la industria.

No se da el entorno adecuado para conseguir los resultados previstos. Y ésta es una razón suficientemente poderosa como para que los fondos de capital riesgo paren los planes de desinversión que tenían en el corto plazo. Así se desprende del análisis que la firma de servicios financieros Mazars acaba de realizar y en el que la consultora ha testado las perspectivas del sector para el periodo posterior al golpe del Covid-19.

Una rotunda mayoría de las gestoras -el 90% de las participantes en este estudio- augura una caída de los ingresos de las empresas en portfolio y para un tercio de ellas el recorte será de entre el 26% y el 50%. Vistas estas proyecciones, «no sorprende» que los fondos prefieran darse más tiempo para deshacer sus posiciones, señalan los autores del informe. Los vehículos de buy out o compras apalancadas son los que se muestran más proclives a posponer las ventas.

No ocurre así en el apartado de las compras, donde los elevados niveles de reservas atesoradas instan a la industria a activarse y acelerar la exploración de oportunidades en el mercado. De hecho, sólo un 6% de los preguntados tiene intención de dejar de perseguir inversiones en el futuro inmediato. «Aunque parece que los exits se retrasarán, muchos de los private equity disponen de mucha liquidez y siguen buscando nuevas plataformas de negocios y bolt-ons [adquisición de compañías para integrarlas con alguna participada]», explica Agustín Fernández Miret, socio de Corporate Finance de Mazars en España.

Optimismo

Este apetito inversor contrasta, sin embargo, con las operaciones disponibles en el mercado, explica Mazars. Algo que hace que la materialización de transacciones se convierta en un reto aún mayor de lo que ya era antes de la irrupción del coronavirus. «De cara al futuro, es probable que haya una mayor competencia por los activos de alta calidad y una posible ralentización en términos de flujo de transacciones. Aquellos fondos que puedan diferenciarse y moverse rápidamente se situarán en clara ventaja frente al resto de sus competidores», afirma Fernández Miret.

Pese a las dificultades que plantea la situación, los profesionales del capital riesgo parecen en general optimistas. La mayoría consideran que la recuperación de la economía será en forma de U y que la vuelta a la normalidad no se producirá antes de 2021, pero aun así son positivos respecto a las condiciones del mercado y a la posibilidad de continuar con sus estrategias.

«Todavía nos encontramos en una situación de incertidumbre, pero los resultados de la encuesta confirman que los inversores están abiertos a posibles operaciones. Es tranquilizador observar una clara sensación de optimismo y resiliencia por parte de los fondos de capital riesgo», concluye el socio de Corporate Finance de Mazars en España.

Por Mamen Ponce de León / Expansión ( ver reportaje )

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