Llevamos más de seis semanas de confinamiento desde que empezó el estado de alarma y todos los indicadores hacen pensar que la vuelta a la normalidad va a tardar muchos meses en producirse y que, en el corto y medio plazo, se verán afectados nuestros hábitos de vida y de consumo. El private equity no ha sido ajeno a esta situación y, como todo el resto del sector empresarial, se ha ido enfrentado a la situación en diferentes fases.

En la primera semana las acciones se encaminaron a paralizar de forma ordenada los procesos fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) que estaban en marcha y que no podrán retomarse hasta que no exista un entorno de estabilidad suficiente que permita tener visibilidad sobre un precio en el que poder transaccionar.

En el portfolio de participadas, las acciones estuvieron encaminadas a adoptar las oportunas medidas de preservación de caja, desde ERTEs, renegociación de alquileres y proveedores, renegociación de deuda…; en la mayor parte de los casos, lo que hemos visto es que, una vez puestos en marcha los planes de contingencia, las participadas contaban con niveles de caja suficientes para enfrentar la primera fase de la crisis.

Las compañías deben estar sistemáticamente actualizando sus planes de negocio y previsiones de tesorería, contemplando escenarios de recuperación y planes de contingencia ante rebrotes y nuevos cierres

Sin duda, los sectores más afectados están siendo los relacionados con turismo, transporte de viajeros, restauración, ocio y retail; si bien, casi todos los sectores han recibido un impacto negativo. En algunos de estos sectores hemos visto incluso importantes ampliaciones de capital por parte de los sponsors, encaminadas a la protección de la participada e incluso anticipando planes para una salida ganadora de esta situación.

En una segunda fase, hemos visto a las compañías invertidas por el private equity, al igual que ha sucedido con el conjunto de empresas españolas, muy activas en la obtención de liquidez, aprovechando los paquetes de ayuda que el Gobierno ha puesto en marcha. Fundamentalmente, la disposición de nuevas líneas de financiación y préstamo al amparo de líneas ICO han supuesto un aluvión de actividad en las compañías y una petición de crédito sin precedente. A estas alturas, todos pensamos que la salida de la crisis requerirá de dinero y, por tanto, tiene sentido llenar las alforjas.

La realidad es que el proceso no está siendo sencillo; hasta que no se han establecido los términos finales del convenio entre el ICO y las entidades financieras, han surgido muchas dudas y se han generado expectativas muy diversas. Incluso ahora, siguen existiendo muchas dudas -a la hora de solicitar y, sobre todo, a la hora de conceder la financiación-. El principal riesgo es la pérdida del aval si alguno de los requisitos no se hubiera cumplido. En las próximas semanas se irá avanzando en los procesos y quedará más claro cómo influyen todos los condicionantes, como, por ejemplo, la situación de la empresa solicitante, el tamaño de la solicitud global, la disponibilidad final que el ICO asigne a los diferentes tramos de ayuda y el cupo del que las entidades dispongan.

En cualquier caso, la falta de liquidez no parece que vaya a ser un problema en los próximos meses para aquellas empresas que se encuentren en niveles de deuda razonables. Distinta será la situación para las compañías que no puedan acceder a las líneas ICO y que van a quedar en una peligrosa tierra de nadie, o aquellas que necesiten estructuras más creativas o flexibles. La deuda alternativa va a jugar un papel muy relevante.

Superado esto, entramos en una tercera fase, donde es necesario llevar a cabo un análisis de la situación a medio plazo, pensando tanto en el proceso de desconfinamiento como en el periodo de recuperación de la actividad. Ya sabemos que va a durar varios meses y que, según los sectores, podría incluso tardar años hasta una vuelta a una situación equivalente a la de finales de 2019. Las compañías deben estar sistemáticamente actualizando sus planes de negocio y previsiones de tesorería, pensando en los posibles escenarios de recuperación, evolución del negocio y en planes de contingencia ante situaciones de rebrote y nuevos cierres.

Todo este periodo, hasta que la situación se normalice, va a requerir caja y, por tanto, es necesario pensar en las necesidades de tesorería a 12 o 18 meses vista, y también en las necesidades de estructura de financiación que debemos tener para enfrentar un periodo de máxima incertidumbre. Sin duda, necesitamos una estructura financiera ligera en términos de salidas de caja en los próximos meses, con holgura de covenants y máxima flexibilidad.

Algunos sectores, como la hostelería, el ocio nocturno, el sector hotelero y el transporte de viajeros, se enfrentan a un reto aun mayor, con posibles cambios en hábitos de consumo que lleguen para quedarse, y que obligarán a una transformación de estas industrias, lo que supondrá, en primer término, mayor inversión y menor generación de caja.

No todo serán malas noticias, en este entorno surgirán importantes oportunidades de crecimiento, tanto orgánico, por espacios que dejan competidores más débiles que no van a ser capaces de superar el periodo post crisis, como oportunidades de adquisición de compañías en niveles de precio que no hubiéramos soñado hace tan solo unos meses.

El private equity parece estar preparado para este momento y sabrá sacar partido de la situación. A medida que pasen las próximas semanas, estas oportunidades empezarán a aparecer y la actividad volverá a retomarse, inicialmente desde un ángulo más distress, para ir normalizándose la situación con el paso de los meses y a medida que vayamos teniendo mayor certidumbre sobre los planes de negocio.

El enfoque en la caja y el acceso a capital y financiación van a ser fundamentales en los siguientes meses, no sólo para aguantar la situación de corto plazo sino también para salir siendo ganador en esta crisis.

Ignacio Marqués del Pecho

Socio de Reestructuraciones en PwC

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