Por Adam Janofsky / The Wall Street Journal

Dorm Room es un fondo creado por y para estudiantes. El objetivo es identificar 'start up' prometedoras en sus etapas más incipientes, cuando su fundador aún no ha terminado la universidad o el posgrado.

A última hora de la tarde, hace escasas semanas, una docena de estudiantes se sentaba alrededor de una mesa en una oficina con vistas al Madison Square Park de Nueva York. Su misión consistía en decidir si invertir en una start up creada por otros estudiantes. Los más de 20 inversores fueron seleccionados meticulosamente de universidades de la Costa Este como Princeton, Columbia y la Universidad de Nueva York para ser socios de un fondo gestionado por estudiantes, y patrocinado por inversores del capital riesgo de First Round Capital.

Ante la competencia cada vez más feroz para identificar al próximo gigante puntocom, algunas firmas de capital riesgo están desarrollando estrategias para hallar jóvenes negocios prometedores, incluso aquellos cuyos fundadores aún no han dejado la universidad o la escuela de posgrado.

El Dorm Room Fund (Fondo Residencia de Estudiantes) de First Round, un vehículo de capital riesgo creado hace tres años y gestionado por estudiantes, es un ejemplo de inversores estudiantes que trabajan como un equipo para revisar las ideas de negocio de sus compañeros. A través de divisiones locales de Philadelphia, Nueva York, San Francisco y Boston, el fondo ha realizado en total unas 80 inversiones, con un tíquet medio de 20.000 dólares.

Los inversores no invierten sus ahorros personales. El dinero procede de los socios de First Round, principalmente fondos de beneficencia y asociaciones sin ánimo de lucro.

Los estudiantes socios del Dorm Room Fund reciben una comisión por gestión del 2% que usan para viajar, comer y publicitar el fondo en los campus. First Round, por su parte, obtiene beneficios si, unos años después, una de las start up participadas sale a Bolsa o es adquirida por una firma más grande.

"Esperamos que Dorm Room Fund genere ingresos por inversión a largo plazo", señala Phin Barnes, uno de los socios de First Round Capital.

Recuperación

En conjunto, los inversores del capital riesgo -apoyados por fondos de pensiones, fondos universitarios, empresas de seguros y otras instituciones que quieren inyectar dinero en acuerdos con potencial de generar enormes rendimientos- van camino de invertir este año la suma más alta desde 2000, según los datos de Dow Jones VentureSource. Las inversiones en start up estadounidenses respaldadas por el capital riesgo alcanzaron 15.720 millones de dólares en el primer trimestre de 2015, un 27% más que en el mismo trimestre del año anterior.

Con todo ese dinero disponible, cada vez resulta más difícil identificar acuerdos que merezcan la pena, lo que está llevando a algunas firmas de venture capital a buscar oportunidades en etapas más tempranas. "Una vez que una start up sale a la luz, ya ha sido financiada por inversores y por todo el mundo", se lamenta John Coyle, profesor de la Universidad de Carolina del Norte.

Algunos gigantes de la tecnología han sido fundados por estudiantes. Google nació como un proyecto de investigación de dos estudiantes de doctorado de Stanford, Larry Page y Sergey Brin. Los inicios de Facebook tuvieron lugar en los dormitorios de la Universidad de Harvard, a la que asistió Mark Zuckerberg. A medida que el dinero "busca start up en sus primeras fases", el riesgo para los inversores se dispara, advierte Coyle.

El hecho de que sean estudiantes universitarios los que escogen las start up en las que se invierte no aumenta las probabilidades de éxito. "Estas [operaciones] son un boleto de lotería, honestamente", asegura. "Hay mucha incertidumbre y mucho riesgo, incluso más que en las inversiones tradicionales del capital riesgo, por las que no lo apostaría todo".

Cambio de 'chip'

En 2012, los inversores del capital riesgo entendieron la idea, y empezaron a dar a pequeños grupos de estudiantes autonomía para financiar a sus compañeros. General Catalyst Partners, una firma de capital riesgo de Cambridge, creó Rough Draft Ventures en 2012. Hasta el momento, sus socios estudiantes han invertido en más de 35 equipos, con sumas de hasta 25.000 dólares para cada uno.

En el caso de Dorm Room Fund, hasta el momento "algunas" inversiones del fondo han cerrado "pero la mayoría siguen operando", apunta Barnes.

Los estudiantes toman el poder

Hasta hace poco, la mayoría de los fondos de inversión gestionados por estudiantes pertenecían a las propias escuelas, y a menudo ponían el foco en las start up salidas de universidades, o servían como medio para enseñar a los estudiantes de las escuelas de negocios.

La escuela de negocios de la Universidad de Michigan fundó el Wolverine Venture Fund en 1997 con 2,5 millones de dólares en donaciones de alumnos, y desde entonces ha crecido a 7 millones de dólares con las ganancias sobre las inversiones. El fondo, que se autodenomina "el primer fondo de capital riesgo del país gestionado por estudiantes", fue uno de los inversores iniciales en IntraLaser, una filial universitaria que comercializó la tecnología láser empleada en la cirugía ocular Lasik.

La escuela de negocios de la Universidad de Wisconsin-Madison tiene un curso vinculado a un fondo de 1,5 millones de dólares, que puede invertirse en compañías creadas por estudiantes de la clase. El fondo ha efectuado 20 inversiones desde 1998: menos de la mitad de las start up ha cerrado, mientras que un puñado han sido adquiridas. "Pero no es tan bueno como puede parecer", explica Dan Olszewski, el instructor del programa. "Algunas compañías siguen vivas tras dos años, pero no van por buen rumbo", reconoce.

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