Por Mamen Ponce de León / Expansión

El venture capital no mueve cantidades de dinero tan abultadas como las de capital riesgo. Pero como alternativa a la financiación bancaria es clave para las empresas que echan a rodar, ya que los fondos que participan en estas inversiones no rehúyen riesgos. Todo lo contrario. Están dispuestos a aportar recursos en proyectos con alto potencial pero resultado incierto, y que por ese motivo son rechazados por los bancos.

A diferencia de lo que ocurre en otros países avanzados, el venture capital ha tenido en España un grado de implantación e influencia reducido. Hasta ahora. El sector está asistiendo a una revolución en 2014, y bulle con la aparición de nuevos actores que tratan de aprovechar las oportunidades que ofrecen las muchas y variadas iniciativas emprendedoras que acoge el país.

En apenas unos meses, los fondos de venture capital que ya operaban este segmento con anterioridad han visto aumentar la competencia como nunca antes. Una oleada de nuevas gestoras está levantando vehículos de inversión orientados hacia empresas que aún transitan por fases semilla o arranque, a la vez que exploran el terreno para concretar operaciones. Todas coinciden en apuntar que han dado el paso ahora, porque ésta es una coyuntura excepcional para el venture capital en España. Y no sólo porque haya signos de recuperación económica. Lo que más pesa es la calidad de los proyectos.

Onza Capital es uno de esos players que acaban de entrar en juego. El socio gestor Nicolás Bergareche explica que iniciaron la actividad en noviembre del año pasado y, desde entonces, ya han invertido en seis empresas. Enfocan hacia start-up tecnológicas o con proyectos relacionados con Internet y las aplicaciones móviles.

Onza Capital pretende recaudar entre 25 y 30 millones de euros entre inversores privados e institucionales. En un primer cierre –ya efectuado– del fondo, la cantidad comprometida rondó los cuatro millones, y seguirán con el fundraising hasta los primeros meses de 2015. «Es un momento muy bueno para la inversión de venture capital en España», apunta Bergareche. «Estamos detectando proyectos verdaderamente potentes con equipos muy cualificados». Coincide en esta visión, Mark E. Kavelaars, consejero delegado de Swanlaab Venture Factory.

Esta gestora, el brazo de operaciones en España de la israelí Giza Venture Capital, fue aprobada por la CNMV en marzo de este año y tiene como cometido invertir en empresas innovadoras con base tecnológica (en concreto, relacionadas con las telecomunicaciones, big data, semiconductores y software) cuyos clientes sean otras empresas, a través de un fondo con el que prevé recabar 40 millones de euros. Kavelaars no tiene dudas respecto a la consecución de ese objetivo: «Vamos muy rápido con el proceso de fundraising», asegura, para zanjar: «Es casi seguro que procederemos al cierre final antes de que acabe 2014».

Las primeras operaciones de Swanlaab llegarán pronto, «a la vuelta del verano», afirma el consejero delegado, que añade que están «gratamente sorprendidos» por lo que han encontrado en España: «Estamos viendo equipos de emprendedores muy preparados, no solo jóvenes también talluditos con una experiencia anterior amplia en empresas grandes, y tecnologías únicas, que pueden tener un impacto global».

Ésa es una de las claves del éxito para el venture capital. «Que el proyecto no se quede en el mercado español», dice Bergareche. «Los proyectos actuales tienen la internacionalización en el ADN; y en Europa y América Latina hay muchas oportunidades para ellos», añade el socio de Onza.

El impacto global que pueda alcanzar el proyecto es uno de los requisitos que también evaluará Daruan VC antes de decidir las operaciones. Éste es otro de los últimos fondos que han aparecido en la escena del venture capital español. Lo hizo en enero, con un único accionista y un patrimonio inicial de 3 millones de euros que «irá ampliando progresivamente». Especializado en tecnologías sostenibles o verdes, invertirá hasta 500.000 euros por proyecto. Ya participa en seis empresas en colaboración con otros inversores.

El potencial de los proyectos o la preparación de los emprendedores no son los únicos factores que impulsan el venture capital en España. Cabe añadir otro aspecto: el precio. «Hay buenas iniciativas con valoraciones razonables y atractivas, en comparación con las de proyectos de otros países», subraya Bergareche. «Son proyectos que por haber nacido en España, donde la necesidad de financiación es mayor, permiten mejores precios», zanja.

El auge del venture capital en España ha contado asimismo con el fondo de fondos del Gobierno como palanca. Desde la primera convocatoria, Fond-ICO Global dispone de una categoría dirigida a fondos que apuestan por empresas en etapas tempranas. Hasta la fecha, siete vehículos de inversión han recibido apoyo dentro de esta modalidad y está prevista la selección de otros dos en la actual edición (abierta hasta el 12 de septiembre), que además tiene por primera vez un apartado para fondos de incubación.

Por lo tanto, el respaldo y aportación de recursos a través de esta vía también ha incentivado la constitución de nuevos fondos. Con todo, los agentes del venture capital español no temen que una mayor competencia sobrecaliente el negocio. «Aquí, el volumen de inversión de este tipo es muy pequeño en comparación con otros países, por lo que es un mercado con mucho recorrido antes de poder considerar que se calienta», apunta Bergareche.

Según Kavelaars, «que aumenten los players en España es una excelente noticia». Y no solo para las empresas que arrancan y necesitan financiación. También para los inversores, que pueden encontrar en los fondos de venture capital un instrumento para obtener altas rentabilidades.

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