La firma de electrodomésticos Miró, controlada por el fondo Springwater, ha logrado la estabilidad necesaria para pensar seriamente en la continuidad de la empresa, en concurso de acreedores desde julio del 2016. En el último año, la compañía ha pasado de 45 a 26 tiendas y su plantilla se ha reducido a la mitad, hasta los 150 trabajadores actuales. Desde la presentación del concurso, Miró ha puesto el foco en lograr un modelo de negocio rentable, centrado en su totalidad en Catalunya, con una apuesta por la venta presencial y a través de internet y volcado en el servicio. Y está cerca de conseguir la vuelta a los beneficios, según fuentes de la empresa.

El cambio de Miró se ha traducido, incluso, en dos aperturas de establecimientos que han sido autorizadas por Ignacio Alonso-Cuevillas, el administrador concursal, pese a que no se trata de algo corriente en un concurso. Esta semana, se ha abierto una tienda de 300 metros cuadrados en Sabadell, que se suma a la inaugurada en Santa Coloma de Gramenet el pasado mayo y a una tercera prevista para las próximas semanas. "Estamos contentos porque las cosas marchan y ahora esperamos que el juez fije la fecha para la junta y propondremos un convenio a los acreedores", afirman en Miró. Hace un año, esto parecía imposible.

Por Lalo Agustina / La Vanguardia

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