“El tiempo de explicar que la economía de impacto es posible, ya pasó, ahora va de demostrarlo con hechos y de compartir cómo se hace”. Con esta frase resumía Clara Navarro, nuestra cofundadora y directora general, la intención del S2B Impact Forum, el evento de referencia de la economía de impacto que cierra su 8ª edición con cifras récord: más de 5.000 personas registradas y más de 50 ponentes nacionales e internacionales que a lo largo de 20 sesiones analizaron y debatieron sobre qué significa esa transformación hacia el impacto real.

La 8ª edición del S2B Impact Forum lo coorganizamos Fundación Ship2B y Ship2B Ventures, involucrando, además, a grandes organizaciones como Ajuntament de Barcelona, Banco Sabadell, CaixaBank, Edmond de Rothschild Foundation, Fundación Repsol, Acció, Diputació de Barcelona, Enisa, Fundación Once, Grant Thornton, Miura Partners, RocaJunyent, Sandman Capital Partners, Catalonia y ESADE, entre otros.

Transformación hacia el impacto real

A lo largo de tres jornadas, el S2B Impact Forum remarcó que la economía de impacto es mucho más que sostenibilidad, RSC o ESG. “Es un cambio de lógica, de la manera de tomar decisiones, que pone el impacto al mismo nivel que las finanzas. Esto supone sacudir las bases del capitalismo tal como lo conocemos hasta ahora y cambiar la cultura de las organizaciones y la mentalidad de los líderes”, reclamaba Navarro. Y esto implica, como dijo Robert Metzke, director de sostenibilidad de Philips, durante su sesión, “pasar de una estrategia de sostenibilidad a una estrategia sostenible, alinear ese impacto con los intereses del negocio”. Bertrand Badré, fundador de Blue like an Orange Sustainable Capital, aún fue más allá: “Para pasar a un sistema económico más sostenible, no es suficiente con un cambio incremental, tenemos que cambiar el corazón del sistema”.

Hay empresas que ya nacen con esa vocación de impacto y sus retos son, primero ser rentables, porque, como explicaba Saskia Bruysten, cofundadora de Yunus Social Business, “solo si realmente tenemos un modelo de negocio podemos resolver el problema. Sin un buen modelo de negocio también se puede resolver a largo plazo, pero terminamos volviendo al modelo tradicional de caridad”. El segundo, crecer sin perder esa vocación: “la única forma de generar un gran impacto es creciendo, pero tenemos que ser conscientes que no podemos y no tenemos que perder nuestros principios”, reiteraba Jaime de Rábago, CFO de Sylvestris.

“Y crecer no es solo por nuestro propio negocio, sino para demostrar que nuestro modelo justo para toda la cadena es rentable y hacer que otras empresas se sumen a ese modelo”, añadía Peter Zandee, sales manager de Tony’s Chocolonely. Pero no solo otras empresas, sino que el consumidor tiene un papel muy relevante también: “Ya no se trata tanto de qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, sino qué hijos vamos a dejar a este mundo”, advertía Javier Goyeneche, CEO de Ecoalf durante su charla, en un claro llamamiento a la concienciación de las personas en su forma de consumir y de relacionarse con las empresas.

El cambio en las grandes empresas

Pero, ¿cómo conseguir ese cambio en las grandes empresas? El propio Metzke listaba cuatro puntos para conseguirlo: una narrativa que la gente entienda, la participación de líderes formales e informales, capacitar y dejar participar a las personas e integrar el impacto y alinearlo con la gestión global. En este sentido, Laetitia Boucher, directora de sostenibilidad de Interface, apuntaba también a la transparencia, explicar cuáles son los problemas y cómo solucionarlos, y demostrar muy rápidamente los triunfos del cambio como motores para involucrar a todos los stakeholders en esa transformación.

Juan E. Naya, CEO de ISDIN, insistía en esa necesidad de involucrar a todos en el proceso, pero “el cambio tiene que venir desde arriba. Si la dirección no se implica, las guerras internas que pueda haber en una empresa, paralizan el cambio. Debe haber un compromiso firme desde el máximo nivel”. Aunque también apuntaba que no puede ser solo “una orden. Hay que poner facilidades para que las cosas sucedan. En ISDIN tenemos muchos activistas internos que, además de empujar el cambio, ayudan a buscar y aportar soluciones para que todos los departamentos puedan avanzar”, añadía.

Para ayudar a las empresas en este proceso de transformación hacia modelos de impacto existen muchas organizaciones. Entre ellas, durante la tercera jornada de este S2B Impact Forum se presentó la World Benchmarking Alliance (WBA) de Naciones Unidas. “La empresa se convierte en el motor de cambio y los índices de sostenibilidad del WBA en el combustible que las pondrá en movimiento. 2000 empresas lideran el camino y 23 de ellas son españolas”, explicaban Victoria Márquez-Mees, directora de EBRD, y María Herrero, partner de Transcendent. “Nosotros ponemos las herramientas, queremos que las empresas las usen”, insistía Márquez-Mees durante su intervención en la tercera jornada, realizada de manera presencial en ESADE.

Medir el impacto

Unas herramientas que enlazan con otro punto importante que se destacó durante todo el S2B Impact Forum: la medición y gestión del impacto. El profesor Tim Jackson apuntaba hacia una medición diferente, que ya no se fije tanto en los números, sino que “priorice, por ejemplo, los índices de salud y salud mental o el grado de confianza en la comunidad”. También Zandee remarcaba la medición como un aspecto imprescindible, pero “más allá de nuestros ingresos, debemos medir la conciencia creada, la conciencia del problema entre el público en general y si otras empresas están cambiando su forma de hacer negocios”.

En este contexto, sir Ronald Cohen, presidente del Global Steering Group for Impact Investment exponía un hito importante que se anunció recientemente en la COP26: la creación del ‘International Sustainable Standards Board‘, que permitirá crear estándares de medición de impacto social y medioambiental y los equiparará a las métricas financieras, poniendo ambos en el mismo nivel de importancia. “Si podemos medir los impactos ambientales y sociales y relacionarlos con las ganancias, entonces atraeremos inversores” hacia esta economía de impacto, aseguraba Cohen.

La colaboración como elemento imprescindible

Para que todo esto suceda, es imprescindible la colaboración. “Ningún actor por sí solo puede transformarse a sí mismo sin alinear a trabajadores, proveedores y clientes. Y nadie puede resolver un problema social por sí solo. La nueva unidad de disrupción no es la empresa, es la cadena de valor, el ecosistema”, reivindicaba Xavier Pont, cofundador y managing partner de Ship2B Ventures.

En este punto insistieron casi todos los ponentes del congreso. “Debemos compartir estrategias, tecnologías y otros aprendizajes con todos los sectores e industrias para sumar cada vez más organizaciones a la transformación hacia el impacto”, reclamaban Boucher y Metzke. “Tenemos que involucrarnos todos, organizaciones privadas, administración pública y ciudadanos, para conseguir la transformación real”, insistía el profesor Tim Jackson. Y “el mundo no tiene más remedio que reunir a múltiples partes interesadas para abordar los enormes desafíos que enfrentamos”, recordaba Firoz Ladak, CEO de Edmond de Rothschild Foundations.

Involucrar a la administración pública

“El papel del sector público es fundamental en este momento de crecimiento y democratización del concepto de impacto: para regular, fomentar, financiar, ordenar… En España todavía no existe un papel decidido del Estado y es urgente la estructuración de una estrategia nacional de innovación social e inversión de impacto, como ha ocurrido en países vecinos como Portugal o Francia”, reclamaba Maite Fibla, cofundadora y managing partner de Ship2B Ventures.

A ese llamamiento explícito se unió Juan Bernal, presidente de SpainNAB, demandando una regulación para la inversión de impacto, la promoción del emprendimiento social y el fomento del acceso a los fondos europeos. También Pablo Sánchez, director de B Lab Spain, se sumó presentando la campaña “Sí a una ley que impulse las empresas con propósito, que consideran que aportará “credibilidad y rigor, les dará valor a las empresas con propósito ante los inversores y la ciudadanía, para que puedan identificar cuáles son esas empresas”.

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