Los fondos españoles de capital riesgo están enfocando a Portugal con una intensidad nunca vista. Algunos ya habían hecho compras antes en el país vecino, pero ahora han otorgado un lugar privilegiado a este mercado dentro de su estrategia de inversión y vigilan más de cerca las oportunidades que allí surgen. Motivos para este apetito renovado no faltan: calidad y precio de los activos avivan su interés.

En pocos meses, Portugal se ha colado en la cartera de participadas de las principales gestoras españolas de private equity con una fuerza inédita. Esta apuesta ha venido propiciada por varios de los pesos pesados del sector. Entre ellos destaca Magnum, que tiene en su ADN la inversión en toda la Península Ibérica (se constituyó como gestora hispanolusa y tiene entre sus socios fundadores al portugués Joao Talone, además de Ángel Corcóstegui y Enrique de Leyva). Pero esta entidad cada vez está más acompañada en su apuesta por el mercado portugués, donde atesora una larga trayectoria.

Hace apenas unos días que se cerró la última adquisición de Magnum en el país vecino, en el fabricante de equipos de serigrafía Roq. El fondo que dirigen Corcóstegui, De Leyva y Talone materializó la operación en colaboración con otro de los grandes de la industria: Alantra. Gestora que, a su vez, eligió terreno luso para inaugurar las inversiones de su nuevo vehículo el año pasado, con la entrada en MD Moldes, proveedor de la industria de automoción.

También en 2017 Artá Capital, la entidad de capital riesgo de Grupo March, hizo su primera compra en Portugal, en la distribuidora de gas propano Gascan. Y meses atrás fue MCH quien concretó la toma de una posición de control en la empresa lusa de pescado congelado Brasmar. Estas transacciones, coincidentes en un breve periodo de tiempo, hablan del apetito que el mercado portugués despierta hoy en las gestoras españolas, en las que además empieza a estar presente la necesidad de avanzar hacia una mayor internacionalización.

Motivos

La recuperación económica es uno de los factores que ha contribuido a avivar el interés por Portugal. “Ha salido bien de la crisis. Los indicadores actuales son buenos y las previsiones, también”, indica José Antonio Barrena, director general de Norgestión. “El país ha superado las dificultades y su economía se ha visto reforzada”, constata Ramón Carné, responsable de Artá Capital.

Estas razones de carácter general se han alineado con otras propias de la actividad de private equity, como la escasez de fondos y la abundancia de oportunidades. “Hay muchas empresas familiares y menos capital para invertir que en España”, apunta Carné. Es por eso, por la menor competencia (apenas hay gestoras locales), por lo que “las valoraciones son más interesantes”, concluye.

Con todo, nadie en la industria del capital riesgo pierde de vista que Portugal “es un mercado pequeño”, explicaba Alberto Bermejo, socio de Magnum, en un reciente encuentro del sector. Los datos de Norgestión revelan que hay en torno a 100 compañías portuguesas que facturan más de 250 millones de euros, frente a las entre 1.600 y 1.700 que existen en España.

Esa reducida dimensión implica que hay que seleccionar –dentro de una muestra menor– los grupos con potencial de crecimiento fuera de sus fronteras, porque vivir solo del negocio interno es complicado. “Para que una empresa de allí genere interés en un fondo tiene que ser internacional”, subrayó Bermejo.

Un entorno económico favorable, compañías que –aunque en menor número– han superado los rigores de la peor crisis en décadas y, por tanto, han dado prueba de su capacidad de resistencia y precios más atractivos parecen ofrecer motivos de sobra para incluir Portugal en el radar. La maniobra se está imponiendo en el private equity y también en el apartado donde se inscriben las gestoras que invierten en start up innovadoras y proyectos incipientes, el venture capital.

Javier Torremocha, fundador de Kibo Ventures, uno de los principales operadores españoles de este segmento, anunciaba en el citado evento que su próximo fondo será ibérico. “Tendremos un equipo basado en Portugal”, remarcaba. Según los expertos del sector, la inmersión de vehículos españoles ya en etapas tempranas de desarrollo de las empresas lusas ayudará asimismo a elevar el atractivo de éstas para los grandes fondos cuando su negocio se consolide. Portugal parece haber entrado en las estrategias de inversión para quedarse.

Por Mamen Ponce de León / Expansión

Fuente: Expansión

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