Por Mamen Ponce de León / Expansión

Ha pasado desapercibido entre el aluvión de datos que apuntan a una reactivación del capital riesgo en España, pero eso no resta relevancia a este hito que, a la vez, alberga un extraordinario reto de cara a los años venideros.

Nunca antes los inversores procedentes de Estados Unidos fueron tan proclives a inyectar recursos en los fondos levantados por entidades españolas.

Mientras que resulta habitual ver europeos entre los inversores que nutren de dinero estos vehículos, los estadounidenses son un tipo de aportante poco frecuente. Con todo, el atractivo de España explotó el año pasado hasta el extremo de derribar barreras infranqueables hasta ahora: los estadounidenses contribuyeron con un 7,9% de todos los recursos captados por gestoras españolas en 2014; el porcentaje más alto registrado por la patronal Ascri desde que esta industria echó a rodar en el país.

Los agentes del capital riesgo español saben bien de la valía de este récord. Captar la atención de los fondos de pensiones y aseguradoras o grupos financieros de EEUU, grandes proveedores del private equity, es ganar acceso a la mayor fuente de alimento para esta actividad que consiste en adquirir participaciones en empresas, generar valor en las estructuras y, al cabo de unos años, vender.

Éste es un éxito añadido al apetito de los propios fondos estadounidenses, también ávidos por hacer compras en España desde que se intuyó la recuperación económica. Fernando Ortiz, responsable de Proa Capital, una de las principales gestoras del país, no oculta la satisfacción de la industria. «Hemos hecho algo bien: los fondos españoles vamos arañando y generando más inversores en el mercado de origen norteamericano, que es un déficit histórico de nuestro sector», decía durante el congreso anual de Ascri en mayo.

Desafío

Para encontrar un grado de interés de los inversores del otro lado del Atlántico parecido al de 2014 hay que retroceder casi una década. En 2006, los estadounidenses proporcionaron un 7,5% del dinero recaudado por fondos nacionales. Es más, entonces en cantidades absolutas incluso se recibieron de aportantes estadounidenses 45 millones de euros más: 189 millones frente a los 144 millones del año pasado. Las entidades de capital riesgo españolas también recabaron más recursos totales en 2006: 2.521 millones en comparación con los 1.822 millones de 2014.

Desde el sector defienden, no obstante, que el monto de 2014 ha sido cosechado después de una grave crisis financiera, en la que los inversores no solo se replegaron sino que salieron huyendo ante la amenaza que representaba tener exposición a España. Y, por tanto, el apoyo conseguido el pasado año tiene «una extraordinaria importancia» como signo de restablecimiento y de confianza renovada en las posibilidades de las gestoras del país.

No faltan voces, eso sí, que avisan de que habrá que seguir cultivando ese crédito en los próximos años para que España se asiente con bases sólidas dentro de la estrategia de distribución de recursos de los inversores estadounidenses. «Ahora apuestan por el país casi en exclusiva por las expectativas de obtener rendimiento y no por el track record (trayectoria de rentabilidad) del sector, que no es excesivamente bueno», explica un directivo de una gestora local.

Así, pues, una vez despertada la apetencia de los inversores de EEUU, los fondos españoles deberán aplicarse para retenerla. Y para eso solo hay una receta posible: hacer operaciones que maximicen el retorno. El reto está servido.

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