Las primeras inversiones en una empresa tienen un carácter fundamentalmente local: apuestan por aquellos emprendedores en los que confían o incluso que conocen de toda la vida. Desde EEUU surgen movimientos que promueven que los pequeños ahorradores apoyen a los negocios de su ciudad, como un modo de contribuir positivamente a la comunidad. ¿Sería esto replicable en un país como España?

Piensa por un momento en tus ahorros. ¿A quién le prestarías dinero? Si contaras con la suficiente cantidad, ¿tomarías una participación en alguna empresa? ¿En qué start up? Probablemente, en la empresa que ha creado aquel excompañero de trabajo que tanto destacaba, o en la de aquel amigo tan trabajador. La confianza es clave, y se fundamenta en cosas tan hetéreas como son la intuición o el afecto.

De ahí que la primera entrada de financiación en una start up suela proceder de las llamadas tres efes: friends, family & fools (amigos, familiares y tontos, en inglés). A continuación, la financiación puede proceder de entidades financieras o de algún business angel.

En EEUU, cobran fuerza movimientos que van un paso más allá de las clásicas tres efes. Un grupo creciente de particulares –inversores no profesionales– están destinando sus ahorros a empresas de su localidad que están en apuros y a las que ningún banco les presta dinero. Por un lado, explican los involucrados, se trata de encontrar sitios alternativos a Wall Street donde invertir y, al mismo tiempo, de realizar una aportación positiva a tu comunidad.

En los inicios, los emprendedores suelen pedir dinero a sus familias, amigosy a ‘tontos’ cercanos

En mayo, The Wall Street Journal calculaba que ya se habían realizado 552 inversiones locales en EEUU por un valor total de 36.700 millones de dólares. Alrededor de la mitad de los prestamistas lo hicieron a través de Slow Money, una plataforma que pone en contacto a inversores con pequeños negocios de alimentación. Desde la creación de esta plataforma, en 2009, dicen haber ayudado a más de 300 pequeños negocios a conseguir 35 millones de dólares.

Un ejemplo: Rick Stender descubrió un día de la tienda de bicicletas de su barrio atravesaba graves problemas económicos. Decidió entonces extenderle un cheque de 20.000 dólares, gracias al que la tienda logró importar una nueva marca de bicicletas, mejorar sus ventas, devolver a Stender su dinero con un interés de 4.000 dólares y, ahora sí, solicitar un préstamo al banco. ¿Utopía? The Wall Street Journal defiende que el hecho de que las dos partes se conocen hace más difícil que se produzca un impago –al fin y al cabo, se le caería la cara de vergüenza, ¿verdad?–. Asimismo, señala que, precisamente por la existencia de algún tipo de relación personal previa, las condiciones de devolución (el interés, en caso de un préstamo, o el tiempo de la inversión, en caso de entrar en el capital) se ven sobre la marcha. "El señor Stender no exigió el pago de intereses hasta dos meses después de dar el dinero", dice el artículo.

Si inviertes en el negocio de un amigo sólo por serlo, es muy posible que te quedes sin dinero, y sin amigo

¿Sería esto replicable en España? Si bien el compromiso social ha evolucionado enormemente en los últimos años, no existen iniciativas formales de apoyo al desarrollo local. Al menos, con ese mismo enfoque de contribución a la comunidad. "En el caso de que sea un familiar quien te deja el dinero, es común que las condiciones de devolución sean flexibles, o incluso que no existan", comenta Iñaki Arrola, fundador de Coches.com, business angel y cofundador del fondo Vitamina K. Un caso como el de Stender, en cambio, se englobaría dentro de la categoría de fools. "Puede suceder que alguien invierta en la empresa de un vecino, pero no creo que su motivación sea contribuir positivamente al desarrollo de la zona, sino en todo caso ayudar a ese amigo o a esa persona que conoces", opina.

Lo cierto es que las inversiones de un business angel tienen casi siempre un carácter local, por las propias limitaciones geográficas de su actividad. Los criterios de inversión de estos inversores profesionales varían en función del sector de su expertise y su estrategia (algunos prefieren entrar en las fases más semilla, otros en primeras etapas de crecimiento), pero, cualquier caso, uno de los requisitos es conocer antes al emprendedor, ponerle cara, y que éste les inspire la confianza suficiente para apostar por su proyecto empresarial. "Mirarles a los ojos" "Antes de invertir, necesito mirar a los ojos a los emprendedores y comprobar si están verdaderamente comprometidos con su start up. Incluso aunque no cuenten aún con un modelo de negocio muy bien definido, si percibimos ese convencimiento, y por supuesto una buena oportunidad de crecimiento, les apoyaremos", dijo Rodolfo Carpintier, fundador y presidente del fondo Digital Assets Deployment (DAD), durante el evento Startup The Fusion, celebrado recientemente en Madrid.

Esta necesidad de conocer a los emprendedores convierte las inversiones semilla en una cuestión inevitablemente regional. "Es un negocio de personas. De ahí que sea importante para nosotros conocer en profundidad los mercados donde trabajamos", señaló Michael Kleindl, cofundador del fondo de venture capital Seaya, durante este evento.

Este es también el motivo por el que ir a Silicon Valley en busca de financiación no te servirá de nada si no cuentas anteriormente con el apoyo de un inversor local. Los inversores se preguntarán: '¿Cómo es que ningún banco o business angel de su país ha confiado en ellos?'.

La aceleradora española Top Seeds Lab ha sido testigo de esto mismo. Es la primera en España en ser invitada a unirse en la red internacional de aceleradoras Global Accelerator Network, creada en 2010 por los fundadores de TechStars (referente en EEUU) y que hoy cuenta con unos 50 socios en todo el mundo. Como parte de esta alianza, sus participadas de mayor potencial de crecimiento pueden intervenir en un programa por el que, durante un mes, tendrían la oportunidad de reunirse con emprendedores e inversores norteamericanos interesados en invertir en empresas no americanas. "La única condición que ponen los venture capital es que al menos el 50% de la ronda de financiación esté ya cubierta por inversores locales", comenta el fundador de Top Seeds Lab, Ignacio Macías.

"Las operaciones vienen de muchos sitios, desde la puerta fría por parte del emprendedor, desde las recomendaciones de otros emprendedores que ya hemos apoyado. Aunque es verdad que las mejores suelen ser las segundas", afirma Carlos Conti, socio del fondo de capital semilla Inveready. "La química con el equipo promotor es fundamental. En una empresa hay momentos altos y bajos, momentos de alegría y de tensión. Tienes que tener la certeza de que en ambos casos, todo el grupo accionarial estará cómodo y actuará de manera racional", continúa. ¿Y si es tu amigo? "Invertir en el proyecto de un amigo no es una buena idea. La amistad no puede ser nunca el criterio por el que metas ahí tus ahorros, pues muy probablemente acabes sin dinero, y sin amigo", afirma Arrola.

El propio Arrola forma parte de Chamberí Valley, una iniciativa creada entre varios emprendedores madrileños a finales de 2011, con el fin de compartir experiencias y conocimientos. "Con el tiempo, nos hemos hecho amigos y muchos hemos acabado invirtiendo en las empresas de los otros", matiza.

Se trata, en definitiva, de encontrar el equilibrio entre la confianza en las personas y el análisis empresarial. "Nosotros no invertiremos en ideas o en modelos de negocio que no pensemos que son buenos, donde las economías marginales no son atractivas. Una gran idea llevada por un gestor sin ambición se queda en una pequeña empresa local. Del mismo modo, un mal gestor puede arruinar una buena idea. Apple no sacó el primer MP3, su buen gestor cambió el mundo con su manera de ejecutar el modelo de negocio del MP3", ilustra Conti.

"Hay muchos proyectos viables, pero muy pocos emprendedores aspiran verdaderamente a que su start up se convierte a en una firma global", comentó Jacob Bratting, socio del fondo danés Northcap, en Startup The Fusion.

¿Y después? "Para cerrar una ronda posterior, los inversores [de mayor tamaño] se encuentran en Londres, Francia, Alemania o EEUU. De todos modos, siempre exigen que previamente un inversor local haya invertido en tu start up. Es una garantía de calidad y que la compañía tiene una buena gobernanza", insiste Conti.

Elena de Arrieta - Expansión

* Artículo publicado con autorización expresa de su autor para su reproducción en este portal

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