La que fuera una de las principales plantas de penicilina de Europa, Antibióticos de León, se prepara para dejar atrás dos años de cierre e iniciar una etapa de crecimiento bajo el paraguas de su nuevo propietario, Black Toro.

La firma de inversión, que adquirió Antibióticos a finales de 2014, ha cambiado el nombre de la empresa leonesa por el de AdL Biopharma y ha nombrado un nuevo equipo gestor, al frente del cual se encuentra Pilar de la Huerta, como consejera delegada. Su objetivo es reflotarla mediante la creación de nuevas áreas de negocio.

Ahora, acaba de cosechar los primeros frutos. AdL ha firmado un contrato de 146 millones para producir ingredientes específicos para la leche de continuidad con uno de los principales líderes mundiales. Fuentes del sector indican a EXPANSIÓN que se trata de la empresa alemana Jennewein Biotechnology Gmbh, que fabrica para grupos como Nestlé o Abbott.

De la Huerta explica que el contrato es a seis años y ofrece “unos márgenes enormes”. El acuerdo exige unos altos estándares de calidad y situará a AdL en primera línea dentro del sector. Permitirá además generar caja a partir del próximo año.

La empresa lleva dos años preparando nuevas líneas de negocio. Según sus previsiones, el 25% de la actividad provendrá del negocio tradicional de los derivados de la penicilina, los API, mientras que el 75% corresponderá a procesos de fermentación, donde se halla “el gran nicho”. De esta parte, el 80% será para la industria alimentaria.

“El nuevo contrato es el primer de varios en cola”, asegura la consejera delegada, que cita el biodiésel, la seda, los productos intermedios de oncología o la cosmética como otras de las aplicaciones de sus plantas de fermentación.

Todos ellos procuran altos márgenes, y AdL tendrá capacidad para responder a la demanda sin grandes inversiones adicionales. El contrato con Jennewein, pese a su envergadura, no requerirá más del 30% de la capacidad productiva de la empresa.

El plan de Black Toro consiste en permanecer durante cinco años en la compañía y salir posteriormente del capital, una vez logrado el objetivo de haberla puesto en la senda de la rentabilidad y el crecimiento.

AdL ya tiene 250 trabajadores en sus centros de León, de los que cerca de 50 se han incorporado en los últimos tiempos. Del resto, algunos son antiguos empleados a los que se ha recurrido con la recuperación de la actividad. La empresa genera un empleo de alta cualificación.

Para sus productos biofarmacológicos, AdL ya cuenta desde abril con la certificación de la FDA de Estados Unidos.

Por Iñaki de las Heras / Expansión

Fuente: Black Toro Capital / Expansión

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