Pese a lo peculiar del nombre, cuando Alexander Knaster creó Pamplona Capital sólo le unía con España su pasión por los Sanfermines. Tras más de una década de rodaje protagonizando importantes operaciones en Estados Unidos y en Europa, el fondo ha decidido dar un paso más y hace unos meses inauguró su oficina en Madrid, tal y como adelantó elEconomista el pasado verano.

Desde esta oficina -la tercera que abre en el Viejo Continente después de Londres y Malta-, Pamplona Capital analizará las oportunidades que ofrece el mercado ibérico con el objetivo de cerrar operaciones con un ticket de entre 100 y 500 millones de euros, lo que en el sector se conoce como alto mid-market. No obstante, esta franja de inversión podría aumentar, al igual que le ha ocurrido en otras ocasiones, si encuentra una buena oportunidad en la Península Ibérica.

Para llevar a cabo estas transacciones, Pamplona cerró el pasado mes de julio su quinto vehículo de inversión con compromisos por valor de 3.000 millones de euros, con el que ya ha realizado una operación en Estados Unidos: la compra de la compañía especializada en ingredientes de panadería Bakemark por 300 millones de dólares (240 millones de euros).

Interés por el mercado español

Pese a no tener cantidad concreta por región (capital allocation), la creación de una base en España indica el interés de este fondo por el mercado español, donde las compañías son más baratas que en otros países europeos -pese a los altos múltiplos- y han salido reforzadas tras la crisis. La oficina de Madrid estará coordinada por Pedro Rapallo, que se incorporó a Pamplona hace dos años como operating partner de la Península Ibérica para controlar las inversiones del fondo en esta región, tras más de dos décadas de experiencia en España.

Por sectores, no cuenta con ninguna restricción sectorial, pero suele buscar oportunidades en el sector industrial (proveedores de bienes de equipo, componentes para la industria del automóvil, entre otros), sanitario, así como en productos y servicios de gran consumo.

Alguna de las operaciones que ha analizado Pamplona en los últimos meses en España fue la compra de Cortefiel -que finalmente acabó en un traspaso de Permira a los otros dos fondos accionistas, CVC y Pai Partners- y la de Roq, el líder portugués en serigrafía, que acabó en manos de Alantra y Magnum. En ambos casos, Pamplona decidió no presentar oferta por estas compañías, según fuentes financieras.

Fundada en el año 2005, la firma estadounidense ya cuenta con más de 12.000 millones de euros en activos bajo gestión. Además del vehículo anteriormente citado para el negocio del capital riesgo, Pamplona cuenta con otro fondo enfocado exclusivamente en tecnología, medios y telecomunicaciones que levantó en octubre de 2015 con compromisos por valor de 1.000 millones de dólares (802 millones de euros, aproximadamente). Cabe recordar que el fondo de Knaster también cuenta con dos oficinas en Nueva York y Boston, desde donde dirige todas las operaciones del mercado norteamericano.

Araceli Muñoz / El Economista

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