Lejos de los excesos protagonizados por grandes firmas de capital riesgo en la pasada década –precios desorbitados, fuerte apalancamiento financiero desmesurado, etc.–, un informe del IESE destaca el impacto positivo que las inversiones de los fondos para start up y empresas medianas han tenido sobre las compañías participadas en lo relativo a crecimiento de la cifra de negocio o generación de puestos de trabajo.

El estudio, presentado ayer y dirigido por Juan Roure, profesor de la escuela de negocios, se circunscribe a 25 fondos o sociedades de capital riesgo que tienen en común dos características: se gestionan desde Catalunya y están participados por el Institut Català de Finances (ICF). Hace 15 años, la entidad financiera de la Generalitat empezó a actuar como fondo de fondos al invertir en vehículos de terceros, aunque también ha creado sus propios instrumentos de capital riesgo.

En conjunto, estos vehículos inversores –gestionados por firmas como Nauta, Suma, Active, Inveready, Finaves o Riva y García– participan en 207 empresas, cuya evolución ha monitorizado el IESE; entre estas compañías están, por ejemplo, Privalia, Oryzon, Kantox, Wallapop, Scytl, Party Fiesta, Tecalum o Abacus.

La inversión global realizada por los 25 fondos entre 2000 y 2014 se estima en 370 millones de euros. El 42% de esta cifra correspondió a operaciones de capital expansión (en empresas de más tamaño y más maduras); otro 42% fue a parar a firmas de reciente creación en fase de arranque, y el 16% consistieron en inversiones de capital semilla.

¿Qué pasó con estas empresas tras la entrada del capital riesgo? Si en el momento de la inversión la facturación agregada de las 207 compañías era de 1.216 millones de euros, la cifra en 2014 –o en la fecha de la desinversión– se incrementó hasta 2.856 millones de euros. “Las compañías participadas multipicaron en conjunto su facturación por 2,35 veces después de recibir la inversión”, indica el estudio del IESE. Como es lógico, en capital semilla el alza de las ventas fue más acusado (+910%) ya que se partía de unas cifras muy bajas; en la fase de expansión el aumento fue más moderado (+75%) y en la de arranque se situó en una posición intermedia (+313%). El 72% de las participadas incrementaron su cifra de negocio y solo un 11% la redujeron.

Desde el punto de vista del empleo (ver cuadro), el informe constata un crecimiento de la plantilla agregada del 95% y la creación de 7.646 puestos de trabajo netos. También aquí el alza más intensa en términos relativos se da en capital semilla; en cambio, en cifras absolutas, donde más empleo se genera es en la fase de expansión, con un saldo de casi 5.000 puestos de trabajo.

No todo es positivo. Como suele ocurrir en el capital riesgo, algunas participadas entraron en crisis y acabaron liquidándose. Así ha pasado con Gas Gas, Era Biotech, Aïta o Fashion Pills. Según el IESE, resultaron fallidas el 30% de las operaciones en capital semilla, el 13% en la fase de arranque y el 19% en capital expansión.

El ICF ha desempeñado también una función de arrastre del sector privado, dice Joan Carles Rovira, responsable de inversiones corporativas de la entidad. Rovira se siente orgulloso, por ejemplo, de Mediterrània, el fondo para proyectos en el Magreb. “Nuestro gran éxito –argumenta– es que ellos han sido capaces de lanzar un segundo fondo sin necesidad de que nosotros volviéramos a invertir”.

Por José Orihuel / Expansión

Fuente: Expansión

http://www.expansion.com
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