Por Patrick Gaonach / Zone President Iberia de Schneider Electric

El sector financiero, atento siempre a encontrar rentabilidades en nuevos sectores y productos, ha empezado a poner el ojo en proyectos relacionados con la eficiencia energética. Como consecuencia, poco a poco, la financiación del sector, que desde 2010 experimentaba su propia travesía del desierto, ha vuelto al mercado con expectativas de quedarse.

A principios de mayo, el Parlamento Europeo ha asignado 5.000 millones de euros del Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas a proyectos de eficiencia energética promovidos por las ciudades. En esta misma línea, en España, se ha aprobado la puesta en marcha del Fondo Nacional de Eficiencia Energética, dotado de 49 millones de euros para financiar proyectos industriales en este ámbito. Asimismo, a mediados de febrero City Group anunciaba la reserva de 100.000 millones de dólares para proyectos de eficiencia energética y energías renovables doblando así su apuesta de 2007 en este tipo de proyectos. En las mismas fechas, YES Bank anunciaba en Mumbai la creación de un fondo de 500 millones de rupias para este mismo tipo de proyectos.

Estas iniciativas se suman al lanzamiento por parte de Deutsche Bank de una emisión de bonos de 104 millones de dólares para proyectos de eficiencia energética residencial o la reserva por parte del Caisse de Depots et Consignations, en Francia, de 5.000 millones de euros para programas relacionados con la energía, de los que la mitad serán destinados a proyectos de eficiencia energética y préstamos sin interés para rehabilitación de vivienda. A estos casos se suman los fondos de pensiones internacionales y las firmas de capital riesgo, que actualmente analizan posibilidades para sacar rentabilidad al sector, así como el creciente interés de los bancos españoles, con el Santander a la cabeza junto con Sabadell Renting, Natixis Abanca o Liberbank por los proyectos de eficiencia energética.

En este sentido España, pese a la profunda crisis económica vivida, intenta no quedarse atrás en el resurgir de la eficiencia. El capital riesgo es el primero que ha sacado la cabeza, viendo el recorrido de invertir en un negocio no dependiente de subvenciones vinculadas al precio de la energía y teniendo en cuenta que los ahorros generados en el consumo energético pagan sobradamente las inversiones efectuadas, lo que se traduce en ganancias mutuas para proveedores y clientes. En esta línea, la gestora catalana Suma Capital ha levantado el primer fondo español, de 20 millones de euros, que destinará íntegramente a financiar inversiones vinculadas a la eficiencia energética. Se trata del vehículo Suma Capital Energy Efficiency Fund, que cuenta con el apoyo del ICO, que ha aportado 5 millones, y de varias compañías aseguradoras, family offices y otros inversores privados. Suma ha cerrado además una alianza estratégica con la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos (ANESE), para invertir en proyectos desarrollados por empresas cualificadas, con capacidad técnica y empresarial acreditada que garantice resultados satisfactorios.

¿Pero por qué ha vuelto la financiación a los proyectos de eficiencia energética? Básicamente por cuatro transformaciones básicas que ha experimentado el mercado. Seguramente la más importante es que, aún y cuando el precio del petróleo ha experimentado una brutal caída, los costes energéticos siguen siendo críticos para un número creciente de empresas. Los primeros en apostar por las soluciones de eficiencia fueron los centros de datos, que tienen el coste energético como su segunda partida de gastos más importante, solo por detrás del coste en personal. Actualmente hay más de tres millones de centros de datos en todo el mundo. De acuerdo con distintos informes, las emisiones de dióxido de carbono de estos data centers superarán las de toda la industria aeronáutica en solo cinco años. También las empresas industriales pierden competitividad ante la subida de los costes energéticos, pero a día de hoy, el interés por la eficiencia ha trascendido a otros sectores, como la agricultura o los servicios, que tiene como casos destacados los grandes hospitales o los hoteles.

Asimismo, el estado de madurez al que ha llegado la tecnología también tiene mucho que ver en su actual despegue. Algunos ejemplos: la iluminación LED está previsto que alcance el 75% del mercado en 2020, frente al 6% actual; los costes de generación solar se han reducido a 0,5 dólares por vatio desde los 75 de hace solo unos pocos años; pero además, el desarrollo de software de medición combinado con nuevas tecnologías como los termostatos inteligentes proporcionan información instantánea sobre consumos y permiten elaborar planes ambiciosos para conseguir ahorros significativos.

Por otro lado, hasta el momento, uno de los principales impedimentos para avanzar con la eficiencia ha sido la financiación. Sin embargo, los actuales modelos de servicios solventan este problema financiando los proyectos a través de los ahorros generados. Su objetivo es conseguir que los costes de inversión se conviertan en «invisibles».

Y por último pero también de suma importancia, poco a poco, las bondades de la eficiencia están asentándose también en la industria de la construcción, con los colectivos de arquitectos, constructores e instaladores al frente. Su posicionamiento a favor de la eficiencia es crucial para el sector. No en vano son ellos los que finalmente llevan los proyectos a término.

En los próximos años se producirán inversiones históricas en infraestructuras energéticas para satisfacer la creciente demanda mundial. La multimillonaria inversión en una nueva central de generación puede llevar 5 años en su construcción y conexión a la red, y un mínimo de 10 años para su amortización, sin contar los efectos medioambientales del proyecto. Pues bien, según la Agencia Internacional de la Energía de aquí a 2035 se podría ahorrar la construcción de alrededor de 235 GW de centrales de carbón y no menos de 120 GW de ciclos combinados con la puesta en marcha de programas de eficiencia energética. No es extraño, por tanto, que el interés por la eficiencia esté más vivo que nunca.

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