Por José Orihuel / Expansión

La semana pasada se supo que una de las cadenas de panaderías/cafeterías con mayor implantación en Barcelona, El Fornet d’en Rossend, ha pasado a manos de un fondo de Corpfin Capital, una gestora de capital riesgo con sede en Madrid. La empresa, propiedad hasta ahora de la familia Milà, ha impulsado en los últimos años un modelo de establecimientos de calidad que combinan la venta de pan y bollería con la degustación en el propio local. La cadena tiene 33 tiendas, de las que 25 están en Barcelona y el resto, en otras ciudades de Catalunya. La mayoría de los locales son propios y también hay franquicias.

Esta inversión llega poco después de que la gestora catalana Suma Capital estrenara en enero su segundo fondo para empresas medianas con la entrada en Party Fiesta, una cadena especializada en disfraces y otros artículos de fiesta, donde ha tomado el 22,5% mediante una ampliación de capital.

Otro fondo gestionado desde Catalunya, Capital Expansió, escogió también una cadena de tiendas, Aïta, para llevar a cabo su primera inversión en marzo de 2014. El vehículo lanzado por el Institut Català de Finances (ICF) –la entidad crediticia de la Generalitat– inyectó un millón de euros en la enseña de complementos de moda para mujer.

No es ninguna casualidad que tres de las operaciones que el capital riesgo ha realizado en los últimos meses en el tejido catalán de pymes se hayan concentrado en negocios a pie de calle de comercio y restauración, como Aïta, Party Fiesta y El Fornet. Sobre todo si se tiene en cuenta que, al margen de las rondas de financiación de start up y de inversiones de salvamento–como las de Dogi, Indo o Miró– , el capital riesgo apenas ha cerrado más transacciones en Catalunya.

El atractivo de panaderías, tiendas de disfraces o comercios de bolsos tiene mucho que ver con la reactivación del consumo interno que se produjo en 2014, y con la expectativa de que ésta siga en 2015. Además, se trata de marcas con recorrido, tanto en España –donde la cuota de la distribución especializada es baja si se compara con el nivel de renta– como en el exterior, donde sus modelos son replicables. Aunque estas cadenas exigen capital para crecer con rapidez, cuando alcanzan el suficiente grado de capilaridad generan caja al cobrar al contado y pagar a plazo a los proveedores, lo que supone un gancho para los socios financieros.

La abundante liquidez que exhibe el capital riesgo –con un buen número de nuevos fondos– y la existencia en Catalunya de un amplio abanico de cadenas consolidadas y con marcas de prestigio hacen presagiar nuevas operaciones. No sería de extrañar que estén ya en el punto de mira del sector algunas de las empresas de Comertia, la asociación que agrupa a más de 60 cadenas catalanas de tiendas y restauración de propiedad familiar. ¿Quién seguirá los pasos de Aïta, Party Fiesta y El Fornet?

Fuente: Expansión

http://www.expansion.com
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