Por Lluís Pellicer / Stefania Gozzer Arias / EL PAÍS

Barcelona se ha erigido en un polo de atracción y creación de empresas de base tecnológica. La ciudad es ya una gran incubadora de start-ups, muchas de las cuales han crecido hasta convertirse en referentes del sector. El último caso de éxito es el de Trovit, un portal fundado en 2006 que acaba de ser adquirido por la japonesa Next por 80 millones. Pero además, ha atraído a compañías extranjeras líderes en su campo que incluso han supuesto una revolución en las formas de consumir, viajar o moverse a nivel mundial, como Airbnb, Uber o Living Social, que compró la barcelonesa Let’s Bonus.

La capital catalana está aún a años luz de Silicon Valley, pero ha creado en la última década un ecosistema en el que nacen —y también mueren— multitud de empresas tecnológicas. Ahí han irrumpido con fuerza sobre todo tres sectores: el del comercio electrónico, los clasificados y los videojuegos. No ha sido cosa de un día. “Se ha ido formando un caldo de cultivo del emprendimiento”, afirma Luis Martín Cabiedes, uno de los principales business angels de España, que ha invertido en Privalia o Trovit. Barcelona ha hallado su sitio en el mapa europeo junto a Londres, Berlín y París. El pasado verano, Financial Times (FT) dedicaba un artículo a destacar esa faceta de la ciudad bajo el sugerente título de Barcelona: sun, sea and start-ups, que destacaba las oportunidades de crear redes de trabajo en los congresos y convenciones que tienen lugar en la ciudad, empezando por el Mobile World Congress.

La primera baza de la ciudad es la presencia de dos escuelas de negocios, Iese y Esade, en el top ten de las mejores del mundo. “No es casualidad que Silicon Valley tenga Stanford”, recuerda Cabiedes. De ambas han salido emprendedores que han ido poblando la ciudad de start-ups, hasta el punto de crear un entorno propicio para que estas se vayan multiplicando. Softonic, Atrápalo, Wallapop, Groupalia, Edreams, Scytl, Emagister, Infojobs o Social Point son solo algunos ejemplos de estas plataformas.

Directivos y trabajadores de estas compañías han seguido creando start-ups. La incubadora Grupo Intercom ha ido impulsando multitud de portales. Uno de ellos es Softonic, una plataforma de descargas con sede central en la capital catalana que emplea a 400 personas y tiene oficinas en Tokio, Shangai, San Francisco, Madrid, Nueva York y México. “Barcelona es un foco emprendedor. Y los emprendedores llaman a los emprendedores, que ven de cerca experiencias de éxito”, asegura el profesor de Iese Alberto Fernández Terricabras. Otro ejemplo es Kantox, una start up nacida en Barcelona en 2009 dedicada al intercambio de divisas entre empresas y que ha llevado su sede a Londres. Además de Cabiedes, en ella participan los fundadores de Atrapalo.com, Plan B, Grupo ITnet y Toprural.com.

La figura del mentor o llamado héroe local es un elemento “vital” para una compañía que recién comienza, según Miquel Martí, director del clúster Ecommerce & Tech, que agrupa a más de 200 tecnológicas de la ciudad. “El mentor ayuda principalmente a establecer el enfoque pero además aporta experiencia en el ámbito de la monetización y del desarrollo del negocio. Los fundadores de Airbnb, por ejemplo, dicen que para ellos fue más importante que las rondas de financiación y aquí en Barcelona los hay del calibre de Miguel Vicente de Let’s Bonus, que está participando en Wallapop, o Carlos Blanco de ITnet, que hace lo propio con Pop Places”, asegura. Martí explica que la mayoría quiere volver a los ecosistemas que les aportaron mucho en sus inicios. Los creadores de Softonic o eDreams, por ejemplo, crearon junto a otros inversores The Emprendedores Fund, un instrumento de capital riesgo dirigido a financiar start ups.

El consejero delegado de Flikr y business angel Bernardo Hernández explica que Barcelona tiene todos los elementos para ser un polo tecnológico, empezando por la calidad de vida, una buena baza para atraer empresas. “Faltan elementos de ecosistema, como tamaño de mercado y una estructura sofisticada de capital riesgo”, afirma Hernández.

El profesor Fernández Terricabras considera que ahora sí hay instrumentos de capital riesgo o redes de business angels, empezando por la de Iese, Finaves. “El inversor busca buenos proyectos que funcionen para salir luego habiendo logrado una buena rentabilidad”, señala. Barcelona, además, ahora tiene firmas de capital riesgo como Active Venture Partners, Nauta Capital o Caixa Capital Risc.

El profesor cita otro elemento: las incubadoras y eventos que hay en la ciudad para desarrollar plataformas. CaixaBank y su socia Global Payments celebraron ayer la cuarta FinAppsParty, un hackathon en Barcelona y Atlanta. El certamen consiste en que unos 120 desarrolladores de apps durante 24 horas seguidas crean un cúmulo de ideas y aplicaciones financieras. “El objetivo pasa por captar ideas y diseños para desarrollar apps, que puede que acabemos o no desarrollando”, explica David Urbano, director de servicios móviles de la entidad.

La llegada de grandes compañías que eligen la capital catalana incluso antes que otras urbes europeas ha ayudado afianzar la marca Barcelona como ciudad digital. “Que Airbnb decida instalar su sede europea en Barcelona es un elemento importante. O Rakuten, por lo que significa para el comercio electrónico. Uber aún no es rentable aquí, pero da pie a mucha comunicación pública”, asegura el profesor en Desarrollo de Negocio y Marketing Digital de Esade, Marc Cortés, que vincula la elección de estas compañías a los modelos de negocio surgidos en la ciudad. Algunas de estas empresas han elegido la capital catalana porque incluso antes de empezaran a operar tenían miles de usuarios con la aplicación descargada en el móvil.

Eatwith es una start-up de origen israelí cuya plataforma permite reservar mesa en casas particulares que sus propietarios convierten en improvisados restaurantes. La empresa decidió desembarcar en Barcelona por su “cultura culinaria”, pero también por la apertura de sus ciudadanos. “A pesar de que hemos tenido un gran éxito en Barcelona, su potencial es enorme y queremos triplicar la actividad de Eatwith en la ciudad a finales de 2015”, explica Guy Michlin, cofundador de la empresa.

Paradójicamente, estas empresas se han topado, no obstante, con un entorno regulatorio un tanto hostil. Por ejemplo, la Generalitat ha sido la primera Administración del mundo que ha multado a Airbnb y ha abierto expediente a 53 conductores de Uber y tiene otros tantos en curso. “Estas empresas necesitan entornos tolerantes. Hay que regularlo, pero no se puede ilegalizar de buenas a primeras”, razona Cabiedes.

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