Por Mamen Ponce de León / Expansión

La venta de La Sirena parecía bien encaminada hasta hace solo unos meses, pero las reticencias de la banca acreedora a aceptar la oferta del fondo de capital riesgo británico OpCapita han paralizado la operación. Y no hay visos de que la situación vaya a cambiar pronto.

El equipo directivo, propietario del 100% de la cadena de congelados, dio encargo a la asesoría financiera 360 Corporate de buscar candidatos para traspasar una participación significativa y, a principios de año, comenzó un proceso de selección entre varios fondos de capital riesgo interesados en la compra. Trascendió entonces que la operación implicaba una quita de deuda por parte de los bancos (el pasivo ascendía a 89 millones de euros). Superadas las habituales etapas de tanteo y análisis, la empresa inició conversaciones con un único aspirante, OpCapita, que trasladó una propuesta que contaría con la aprobación de los accionistas.

Pero la consecución de la transacción, que estaba prevista para el pasado mes de julio, exige que todos los bancos que soportan la deuda de la empresa den el visto bueno a la oferta de adquisición. Y es en ese punto donde la venta se ha quedado atascada. Pasó julio, agosto y septiembre, y según explican fuentes del mercado, por ahora no existe acuerdo con esas entidades.

Aunque el proceso sigue abierto, no resultará fácil encontrar una vía de entendimiento en el corto plazo, ya que la banca no está dispuesta a admitir la propuesta de compra actual (sobre la que no han trascendido datos) tal cual está planteada, pero tampoco OpCapita sería partidaria de alterar las condiciones con vistas a desbloquear la operación. Si ninguno da el brazo a torcer, el fracaso de la venta está garantizado, aunque en esta inmovilidad de posturas también podría haber algo de estrategia.

¿Nuevas salidas de bancos?

Tampoco favorece la transacción el baile de entidades financieras. Diversas fuentes apuntan que bancos tenedores de la deuda estarían considerando la salida de La Sirena a través de la venta de sus derechos a un tercero, siguiendo así los pasos de Natixis y Banco Espírito Santo (BES), que hace unas semanas se desvincularon de la cadena de congelados traspasando su paquete a Bank of America Merrill Lynch. Además de la recién incorporada, Santander, BBVA y Rabobank completan el grupo de entidades financieras acreedoras.

El abandono de Natixis y BES y la consecuente entrada de Bank of America Merrill Lynch coincidió con el pacto de La Sirena y la banca acreedora para la capitalización de dos tercios de la deuda de la empresa, por valor de 60 millones de euros. La conversión de pasivo en fondos propios estuvo articulada como una operación contable que transformaba un crédito sindicado en un préstamo participativo, por lo que el equipo directivo todavía conserva la propiedad.

Al anunciar la transacción, Francesc Casabella, accionista y director general de La Sirena, subrayaba eso sí que ésta sería un revulsivo para la gestión, afectada durante los últimos años por las «significativas dificultades derivadas de un balance muy endeudado». La Sirena tiene una red de 237 tiendas y unos 1.000 empleados.

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